El Blog de Eliseo Oliveras sobre política internacional. Una mirada crítica y sin compromisos desde la capital de Europa sobre las claves, el funcionamiento y los entresijos de la Unión Europea (UE), de la OTAN y de sus estados miembros.
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Bélgica bloqueada por el “no” flamenco al plan de negociación


El líder de la NVA, Bart De Wever


Bélgica se encuentra bloqueada por el rechazo total y demoledor de los independentistas de la Nueva Alianza Flamenca (NVA), el principal partido belga, a la propuesta de negociación de la reforma del estado presentada por el aspirante a primer ministro y líder socialista francófono, Elio Di Rupo. El propio rey Alberto II ha calificado la situación de “grave” y ha decidido mantener en suspenso durante algunos días la dimisión que le ha presentado de Di Rupo.

El rechazo sin paliativos de la NVA ha colocado al país aún más cerca del abismo. “Bélgica no tiene ya sentido. Bélgica no vale la pena”. Así iniciaba hoy el diario Le Soir su editorial en la portada dedicada al rotundo “No” flamenco a la primera propuesta seria de negociación de los partidos francófonos, aunque esta propuesta llegaba muy tarde y se quedaba muy por debajo de las expectativas flamencas.

 “Demasiado bueno para tirarlo a la basura, pero no lo suficiente para conducir a un acuerdo”, fue la valoración del diario flamenco De Standaard de la propuesta del líder del primer partido francófono formulada el pasado 4 de julio como última oportunidad para sacar al país de su parálisis política.

Bélgica lleva casi 13 meses sin Gobierno a causa del desacuerdo frontal entre la mayoría flamenca y la minoría francófona sobre el incremento de los poderes exigido por Flandes y sobre la reforma del sistema de financiación de las regiones que exigen también Flandes para reducir sus transferencias anuales a la endémicamente deficitaria comunidad francófona.

«Con toda la mejor voluntad del mundo, no creo que unas negociaciones sobre la base de esa propuesta puedan tener éxito», declaró el líder de la NVA, Bart de Wever, antes de empezar a demoler punto por punto la propuesta de Di Rupo.

La NVA criticó el aumento de la presión fiscal «para todos aquellos que son activos o ahorran», la ausencia de un cambio significativo en la financiación regional que reduzca las transferencias flamencas hacia la comunidad francófona, el limitado alcance del incremento de las competencias regionales, la ausencia de reforma de las pensiones y las propuestas francófonas para consolidar su posición en la disputada periferia flamenca de Bruselas y en la propia capital.

Los democristianos flamencos (CDV), segunda fuerza política de Flandes, no se han pronunciado sobre la propuesta de Di Rupo, pero sus dirigentes ya han advertido que si el NVA no está en la mesa de negociaciones, ellos tampoco estarán. Temerosos de sufrir un serio retroceso electoral si se desmarcan de los planteamientos nacionalistas de la NVA, los democristianos flamencos están quedando relegados al papel de comparsa.

Los partidos liberales flamenco (VLP) y francófono (MR), los socialistas francófonos (PS), los centristas francófonos (CDH) y los ecologistas francófonos habían expresado un “sí, pero” sobre la propuesta, expresando su disposición a negociar sobre esa base, pero con objeciones sobre su contenido. Sin embargo, sin los independentistas y los democristianos flamencos, cualquier negociación resulta imposible.


Bélgica, un año sin Gobierno

Manifestación en favor de la unidad de Bélgica




Un año después de las elecciones legislativas del 13 de junio del 2010, Bélgica sigue sin haber logrado formar un Gobierno y no hay ninguna perspectiva de que logre consensuar uno a corto plazo. Las abismales diferencias entre los partidos flamencos y francófonos sobre la reforma del Estado y del sistema de financiación de las regiones, que exige Flandes, han impedido hasta ahora cualquier acuerdo.

A pesar de la sucesión de informadores, mediadores, clarificadores, conciliadores y formadores de Gobierno nombrados por el rey Alberto II durante los últimos 12 meses, la situación política es peor que hace un año, porque permanece el bloqueo y ha desaparecido la esperanza postelectoral de un acuerdo.
Bélgica «es un poco menos belga», flamencos y francófonos «viven bajo el mismo techo, pero comparten pocas cosas en común» y la crisis parece confirmar que «el estado belga no es quizá indispensable», destacaba con pesadumbre este fin de semana el editiorial del diario Le Soir.

Flandes, la región más rica y que agrupa al 60% de la población del país, reclama transformar el estado federal en una especie de estado confederal, con una amplia regionalización de los impuestos, la sanidad, la política de empleo y las políticas sociales.

El programa confederal de la independentista Nueva Alianza Flamenca (NVA), que ganó las pasadas elecciones, cuenta más o menos con el respaldo de los democristianos (CDV), liberales (VLD), los extremistas Vlaams Belang y de la poderosa patronal flamenca.

La minoritaria comunidad francófona, liderada por el Partido Socialista (PS), rechaza esa amplia regionalización de los impuestos y las políticas sociales, porque en la práctica implicaría una drástica reducción de los fondos que recibirían Valonia y Bruselas (hasta ahora aportados por las transferencias procedentes de Flandes), lo que obligaría a recortar de forma sustancial los gastos de educación, sanidad, desempleo y protección social.

Además de la reforma de la financiación de las regiones y la transferencia de poderes del estado a las regiones, flamencos y francófonos mantienen un tenso pulso entorno a dos cuestiones políticas de alto calado simbólico: el futuro de Bruselas y la supresión de los derechos especiales políticos, lingüísticos y judiciales de los 150.000 francófonos que viven en la periferia flamenca de la capital.
Los sondeos indican que el bloqueo de las negociaciones está favoreciendo a los independentistas de la NVA, que ganan unos 7 puntos y se sitúan con una intención de voto del 35,1% en Flandes. Entre la comunidad francófona, los socialistas sigen imbatibles con un retroceso mínimo.
Alberto II está decidido a no convocar elecciones anticipadas, porque teme que serían las últimas de una Bélgica unida ante la imparable radicalización de Flandes. Incluso los partidos francófonos hablan ya abiertamente de preparar un futuro sin Flandes.

De momento, Bélgica funciona económicamente por inercia con un buen crecimiento (2,4% previsto en el 2011). Pero ante la ausencia de reformas los problemas que se acumulan en el sótano amenazan con derribar todo el edificio a medio plazo: la deuda pública ascenderá este año al 97% del producto interior bruto (PIB), la inflación es muy alta (3,6%), el país pierde competitividad, las prejubilaciones se producen a partir de 52 años, la financiación del sistema de pensiones es insostenible y los elevados impuestos sobre los asalariados fomentan que los parados prefieran seguir cobrando el seguro de desempleo.
La Comisión Europea acaba de recomnendar al país una serie de importantes reformas económicas y laborales, entre las que figuran el retraso de la edad de jubilación, la reforma del seguro de paro y la supresión de la revisión automática de los salarios en función de la inflación. Pero el actual Gobierno en funciones no puede llevarlas a cabo.

El líder socialista francófono, Elio Di Rupo, que el verano pasado fracasó en su primer intento de formar un Gobierno, ha anunciado que presentará antes de final de mes una nueva «propuesta de base» sobre la reforma del Estado. Las anteriores propuestas de Di Rupo, del líder de la NVA, Bart de Wever, y de los sucesivos mediadores fueron rechazadas alternativamente por los flamencos o por los francófonos.
Las declaraciones en la televisión este fin de semana del senador de la NVA Karl Vanlouwe, en las que destacó que “los francófonos no han comprendido aún el mensaje electoral flamenco”, revelan la amplitud del diálogo de sordos que se repite entre las dos comunidades belgas.  

Ante la parálisis política, un grupo de 25 intelectuales intenta movilizar a la población a través del denominado manifiesto G1000 (utilizando la misma terminología que el G8 y el G20) para que expresen su ideas y propuestas para superar el actual bloqueo. El objetivo es celebrar una cumbre ciudadana de “democracia deliberadora” el 11 de noviembre en Bruselas.
Los distintos intentos ciudadanos de movilizar a la población belga frente a la incapacidad de los políticos y la creciente fractura del país han tenido un éxito muy limitado (35.000 manifestantes en Bruselas el pasado enero) y han perdido fuerza en los últimos meses, mientras la apatía parece ser la nota dominante.
(Una versión más corta se publicó el 12 de junio de 2011 en El Periódico)

Bélgica va a la deriva


Dos jóvenes flamencas durante la manifestación del pasado 23 de enero en Bruselas para reclamar a los partidos que sean capaces de pactar un Gobierno


Nueve meses después de la caída del Gobierno y siete meses y medio después de las elecciones generales del 13 de junio, Bélgica se va a la deriva. Las profundas divergencias entre los partidos de la mayoría flamenca y de la minoría francófona sobre la reforma del Estado y de la financiación de las regiones condujeron ayer al último mediador real a arrojar definitivamente la toalla.

Alberto II ha aceptado la dimisión irrevocable del senador socialista flamenco Johan Vande Lanotte y ha iniciado una nueva ronda de consultas para buscar un nuevo mediador para una misión que cada vez más parece imposible: lograr un acuerdo entre flamencos y francófonos y constituir un Gobierno.

“El impasse es total”, titulaba hoy en la portada el diario La Libre Belgique. “Sin compromiso no hay país” titulaba Le Soir. El llamamiento a los partidos políticos por parte de los más de 30.000 manifestantes el pasado 23 de enero en las calles de Bruselas a consensuar un Gobierno no ha servido de nada. “Vergüenza”, titulada el diario flamenco De Morgen, recogiendo el eslogan de los manifestantes.

Los partidos flamencos y francófonos se responsabilizaban hoy mutuamente del nuevo fracaso de la clase política belga. Los flamencos acusan a los francófonos de encerrarse en un inmovilismo y los francófonos les reprochan de pretender reformas irrealistas.

Los independentistas de la Nueva Alianza Flamenca (NVA), vencedores de las pasadas elecciones, y los democristianos flamencos (CDV), segunda fuerza política flamenca, reclaman en su última propuesta como mínimo una regionalización de las políticas de empleo y asistencia sanitaria. “Inaceptable”, han respondido los socialistas (PS) y centristas (CDH) francófonos, que ven en ello la ruptura de la solidaridad interna del país y la preparación del desmantelamiento de Bélgica.

Flandes, la región más poblada, más rica y más dinámica del país, reclama un sustancial incremento de competencias y una modificación radical del sistema de financiación para reducir las cuantiosas transferencias de fondos hacia la deficitaria y empobrecida comunidad francófona, con una baja recaudación fiscal, un paro muy elevado y cuantiosos subsidios sociales. Los partidos francófonos quieren limitar el alcance de la reforma y de la financiación regional por temor a ver reducidos sustancialmente el dinero público que la comunidad francófona recibe del Estado, lo que obligaría a recortar las prestaciones sociales o a subir los impuestos ya muy elevados.

Todo el mundo coincide en que la convocatoria de nuevas elecciones no resolvería los problemas, sino que radicalizaría aún más la situación. Mientras el monarca inicia una nueva ronda desesperada de consultas, Bélgica se encamina a batir el récord mundial de país sin Gobierno, superando a Irak, como muestra implacablemente el contador digital de la web “Le Record du Monde”.

Bélgica, seis meses sin Gobierno

Bélgica lleva ya seis meses sin Gobierno federal después de las elecciones del 13 de junio de 2010 y no parece que los partidos políticos flamencos y francófonos sean capaces de formar una coalición gubernamental en un futuro próximo, a pesar del riesgo de que esa permanente incertidumbre política pueda desencadenar la pérdida de confianza de los mercados financieros en un país cuya deuda pública equivale a la totalidad del producto interior bruto (PIB) anual del país.

La reforma del Estado y, sobre todo, la modificación del sistema de financiación de las regiones del país enfrentan a flamencos y francófonos en una pugna de difícil solución. Flandes, la región más rica, poblada y dinámica del país,  reclama una sustancial ampliación de los poderes regionales que transformaría en actual Estado federal belga en casi un Estado confederal.

Flandes exige que la reforma vaya acompañada de un cambio radical en la financiación de las regiones para reducir su actual transferencia masiva de fondos hacia la comunidad francófona de Walonia y Bruselas, en una situación endémica de desempleo muy elevado e insuficiente desarrollo económico.

Los partidos francófonos, liderados por los socialistas, consideran inaceptables las sucesivas propuestas formuladas por los partidos flamencos en la mesa de negociaciones, porque implicarían un drástico recorte de los fondos públicos disponibles para Walonia y Bruselas y exigirían una drástica reducción de las subvenciones familiares, del seguro de paro y de la asistencia sanitaria. La última oferta encima de la mesa recortaría en unos 650 millones de euros los fondos públicos de Walonia, según las estimaciones francófonas.

La Nueva Alianza Flamenca (NVA), el principal partido de Flandes y Bélgica que tiene como objetivo final que Flandes sea independiente, responsabiliza del bloqueo a los partidos francófonos por rechazar “las reformas sensatas que son imprescindibles en Bélgica” y por negarse a una inaplazable reducción del gasto público. Los democristianos flamencos (CDV), segunda fuerza política en Flandes, se alinean con la NVA y consideran inviable un acuerdo que margine al gran vencedor de las elecciones de junio.

El líder de la NVA, Bart de Wever, en una entrevista en la revista alemana Der Spiegel acaba de definir a "Bélgica como el enfermode Europa" y compara a los francófonos con drogadíctos por su dependencia de las "trasfusiones financieras". Estas declaraciones incendiarias han desatado la ola habitual de condenas francófonas y han enrarecido aún más el clima político del país.  

Ante actual falta de perspectivas de encontrar una salida a la profunda crisis política belga, algunos políticos históricos francófonos, como Jules Gheude, advierten que debe asumirse la realidad de que “Bélgica no tiene futuro” y que los actuales líderes francófonos se autoengañan al pretender que el bloqueo es fruto de la intransigencia de la NVA y no comprender que Flandes camina hacia su autoafirmación como estado propio.

Estos mismos políticos francófonos históricos consideran también que es inviable económicamente el famoso “Plan B” de los actuales líderes para crear una federación Walonia-Bruselas en caso de fractura definitiva de Bélgica y que la única solución para la comunidad francófona sería su integración en Francia.