El Blog de Eliseo Oliveras sobre política internacional. Una mirada crítica y sin compromisos desde la capital de Europa sobre las claves, el funcionamiento y los entresijos de la Unión Europea (UE), de la OTAN y de sus estados miembros.
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Lo que calló la cumbre de Malta

Los líderes soslayan de cara al futuro de la UE los graves problemas de desigualdad y descrédito político

Europa apuesta por Libia para frenar la inmigración pese a ser un estado fallido donde se abusa de los refugiados


La cumbre de Malta ha sido un nuevo ejercicio de equilibrios entre los planteamientos divergentes de los líderes sobre cómo remodelar una Unión Europea (UE) a Veintisiete debilitada por un desbordante descontento ciudadano y sobre cómo afrontar la actitud desestabilizadora del nuevo presidente norteamericano, Donald Trump, a quien el presidente de la UE, Donald Tusk, llegó a calificar de "amenaza" para Europa en su carta de invitación a la reunión.

Donde los líderes europeos han coincido plenamente es en la urgencia de adoptar medidas adicionales para cortar los flujos migratorios hacia Europa en el Mediterráneo central. Esta estrategia complementa las vallas fronterizas levantadas en la zona de los Balcanes, el almacenamiento de los refugiados en una Grecia empobrecida y el polémico acuerdo con el Gobierno turco, al que se perdona su rampante autoritarismo y al que la cancillera alemana, Angela Merkel, recompensa con visitas regulares.

El objetivo detrás de la declaración aprobada en Malta y del acuerdo entre Italia y Libia es poder devolver al país norteafricano a los inmigrantes rescatados en el mar y de instalar en su territorio centros de acogida para concentrar a los inmigrantes antes de que lleguen a la UE, desde donde se tramitarían y verificarían las demandas de asilo, como plantean el ministro alemán de Interior, Thomas de Maiziere, y los gobiernos de Italia y Austria.

Los líderes europeos pasaron de puntillas en Malta sobre el hecho de que Libia es un caótico estado fallido desde la intervención de la OTAN del 2011 y que el Gobierno de unidad nacional en Trípoli de Fayez al-Sarraj sólo controla realmente una pequeña parte del territorio. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtió en un comunicado oficial la víspera de la cumbre que "no es apropiado considerar a Libia un país seguro, ni establecer un proceso extraterritorial de demandantes de asilo en el norte de África". Además, un informe del Ministerio alemán de Asuntos Exteriores detallaba esta semana como los inmigrantes y refugiados son sometidos a ejecuciones, torturas, violaciones, trabajo forzado y todo tipo de abusos en campamentos operados como prisiones por los propios traficantes de seres humanos.

Los planes de la UE también chocan con las exigencias financieras de Trípoli. Después de que la UE prometiera 6.000 millones a Turquía para contener los refugiados, el primer ministro libio Al-Sarraj ha calificado de "muy pequeña" la ayuda de 200 millones ofrecida para equipar y entrenar a su guardia costera y para mejorar la vigilancia de sus fronteras terrestres.

Las organizaciones humanitarias, como Oxfam, ya han denunciado el "doble discurso europeo", en el que se critica por un lado a Trump mientras se aplica una política similar, levantando vallas, subcontratando la gestión de los refugiados a Libia y Turquía, desviando los fondos al desarrollo para control de fronteras y persiguiendo judicialmente a ciudadanos que han ayudado a refugiados (Suecia, Francia, Dinamarca).

De cara a la refundación de la UE a Veintisiete, resulta preocupante que los líderes sigan soslayando en las discusiones y en los documentos preparatorios de la cumbre de Roma de marzo los graves problemas de la creciente desigualdad social, el débil crecimiento económico, el control oligárquico de la política y la economía y la corrupción y la pérdida de credibilidad de políticos e instituciones. Estos factores alimentan el éxito electoral de populistas y extrema derecha y son el motor del actual "desorden" político en Europa y EEUU, como señala el sociólogo económico Wolfgang Streeck, director del Instituto Max Plack para el Estudio de las Sociedades.

El problema de la desigualdad se zanja con una mera referencia a la "inclusión social", la fórmula que utiliza desde hace años la UE en sus declaraciones para encubrir que las medidas económicas, sociales y tributarias que se adoptan en realidad incrementan cada vez más la desigualdad, la precariedad y el riesgo de pobreza.

La política de austeridad se mantiene, aunque el crecimiento no despega en la eurozona (1,7% en 2016) y varios países tienen aún un producto interior bruto (PIB) inferior al de antes de la crisis, como España (1% inferior), Portugal (5%), Italia (7%) y Grecia (25%), según los cálculos Maxime Sbaihi de Bloomberg Intelligence. Y se sigue confiando en las fragmentadas y limitadas inversiones del Plan Juncker (parte de las cuales ya estaban previstas) para que sirvan de motor económico.







La UE reniega de sus valores y Dinamarca legaliza expoliar a los refugiados

La crisis de los refugiados ha revelado que la mayoría de los gobiernos no aplican los principios en que se basa la Unión Europea (UE), como el derecho de asilo y la solidaridad entre sus miembros. La crisis también ha mostrado el lado más oscuro de la UE, del cual el proyecto danés para expoliar a los refugiados es su última y terrible expresión.

La coalición que sostiene al Gobierno conservador danés de Lars Lokke Rasmussen y el partido socialdemócrata en la oposición han pactado aprobar el 26 de enero una reforma de la ley de extranjería que permitirá a la policía confiscar a los refugiados el dinero y los bienes por valor superior a 1.340 euros, salvo los de "especial valor sentimental", como anillos de boda y medallas. La reforma también permitirá detener a los refugiados y restringir la reunificación familiar.

El Gobierno danés sostiene que la medida ayudará a costear el gasto de mantener a los refugiados y desincentivará que sigan llegando al país. Aunque Dinamarca es uno de los países de la UE que más refugiados recibió el año pasado (21.000), no es el que ha acogido más, ni en términos absolutos, ni relativos. Finlandia recibió 32.400; Austria, 90.000; Suecia, 163.000 y Alemania 1,09 millones y ninguno de ellos ha optado por esta vía que recuerda las confiscaciones nazis a los judíos.

La actual legislación danesa ya contempla en su artículo 42 que se puedan denegar subsidios a los refugiados que dispongan de medios económicos, como recordó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La legislación actual danesa también prevé que si la policía comprueba que el refugiado dispone de medios adecuados puede ser obligado a costear la subsistencia de su familia mientras dura el trámite de la demanda de asilo. Por lo que la agencia de las Naciones Unidas considera absolutamente injustificada la reforma.

Además del carácter inhumano de la confiscación, el ACNUR señaló por escrito al Gobierno danés que la medida viola la Convención de Ginebra, la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, la Declración Universal de los Derechos Humanos y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. El organismo de Naciones Unidas advirtió que crea un pésimo precedente que estimulará la xenophobia y medidas similares en otros países. Pero el Gobierno y el partido socialdemócrata hicieron caso omiso a la petición de retirar la reforma e iniciaron el 13 de enero su tramitación parlamentaria.

El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks, se ha sumado a las críticas y ha calificado las medidas de "atentado a la dignidad humana", además de violar el derecho a la propiedad. La Comisión Europea, por su parte, se ha mostrado muy tímida y el vicepresidente Frans Timmermans solo indicó que "estudiará la ley una vez haya sido adoptada".

El plan danés de expolio a los refugiados evidencia las funestas consecuencias del auge de la extrema derecha, ya que uno de los impulsores de la iniciativa es del extremista Partido Popular Danés (DF), de cuyos votos depende la supervivencia de la coalición gubernamental.

La tibieza de la Comisión Europea y los líderes europeos con la extrema derecha y su claudicación al aceptar del 2000 al 2005 que el Partido de la Libertad (FPO) de Jörg Haider participara en el Gobierno democristiano de Wolfgang Schüssel en Austria dio legitimidad a este tipo de partidos.

Esa laxitud otorgó a la extrema derecha un rango de normalidad y respetabilidad, lo que ha facilitado su éxito electoral en la UE y que se instalen gobiernos autoritarios primero en Hungría y ahora en Polonia. No sólo el Gobierno danés depende de los votos de la extrema derecha en la sombra, sino que ésta forma parte del Gobierno de Finlandia con cuatro ministros del Partido de los Finlandeses.

La falta de solidaridad de la mayoría de los estados con los más afectados por la ola de refugiados somete a la UE a una presión fracturadora. La mayoría de los gobiernos se han negado a compartir equitativamente la carga de los refugiados llegados a Grecia y a Italia y aliviar la presión sobre los cinco países con más demandas de asilo.

El pacto con fórceps para redistribuir 160.000 refugiados entre los países de la UE es papel mojado, ya que solo se han recolocado 272, admitió el comisario de Interior, Dimitris Avramopoulos. España solo ha acogido 18; Francia, 19; y Holanda y Gran Bretaña, ninguno.


Los países del Este tampoco han aceptado a ninguno de los que les correspondía en el reparto, salvo 4 en Lituania. En los primeros 15 días de enero ya han llegado más de 23.000 nuevos refugiados a Grecia pese al invierno y los pactos con Turquía para impeder la llegada a Europa de demandantes de asilo. La falta de solidaridad entre los países europeos y la ficción de creer que se puede detener la ola migratoria están hundiendo a la UE.

Una versión más corta se publicó en EL PERIÓDICO el 15 de enero de 2016

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/expolio-danes-los-refugiados-4819409