El Blog de Eliseo Oliveras sobre política internacional. Una mirada crítica y sin compromisos desde la capital de Europa sobre las claves, el funcionamiento y los entresijos de la Unión Europea (UE), de la OTAN y de sus estados miembros.
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La solciademocracia, arrinconada en la UE

La dimisión del primer ministro italiano, Matteo Renzi, priva a la Unión Europea (UE) del líder socialdemócrata más combativo contra la política de austeridad impuesta por Berlín y la Comisión Europea, que ahoga la frágil recuperación de la eurozona lograda gracias a la masiva (y tardía) inyección de fondos del Banco Central Europeo (BCE) en la economía. La socialdemocracia se ha quedado sin influencia de peso en el gobierno de la UE y en el Consejo Europeo, formado por los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 miembros. Aunque los socialdemócratas forman parte del Gobierno alemán, son el socio menor y su influencia en asuntos socioeconómicos europeos se ha revelado escasa. La UE consideraba a Renzi como un bastión contra el populismo en Italia, por lo que ha resultado contraproducente la negativa de Bruselas y Berlín a autorizarle una política presupuestaria más expansiva para reactivar la economía italiana y la falta de ayuda de sus socios ante la llegada de 500.000 inmigrantes en tres años.

El retroceso socialdemócrata reforzará a la cancillera alemana, Angela Merkel, como líder de la UE para continuar imponiendo ya de forma indiscutida una política económica al servicio de los intereses alemanes, pese a sus nefastos efectos de creciente desigualdad social, precariedad laboral y empobrecimiento de la población, lo que seguirá acentuando el descontento ciudadano y el avance de los populistas y la extrema derecha.

Merkel, con el respaldo de sus aliados, como Holanda, sigue haciendo oídos sordos a los reiterados llamamientos de Washington, de premios Nobel de Economía (Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Peter Diamond, Christopher Sims) y ahora del Fondo Monetario Internacional (FMI) en favor de una política expansiva que impulse el crecimiento antes de que sea demasiado tarde e incluso ha rechazado el tímido giro planteado por la Comisión Europea este otoño ante el agravamiento de la crisis política de la UE.   

La partida de Renzi coincide con el fin del mandato del presidente socialista del Parlamento Europeo, Martin Schulz, que supondrá un reforzamiento del poder conservador en las instituciones europeas ante el plan del grupo popular de copar ese puesto. Tanto el presidente permanente de la UE, Donald Tusk, como el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, son conservadores y el Ejecutivo comunitario está dominado por una mayoría de 20 comisarios conservadores y liberales, frente a 8 socialdemócratas.

La salida de escena de Renzi se suma al papel decepcionante desempeñado por el presidente francés, el socialista François Hollande, en intentar contrarrestar la política de austeridad dictada por Berlín, incumpliendo la promesa electoral que le dio la victoria en el 2012. Con Francia sumida en el proceso preelectoral de las presidenciales de primavera, que auguran un giro del voto a la derecha ante una izquierda fracturada que ha decepcionado a sus votantes, la influencia del Gobierno socialista será escasa en aquellos asuntos en que discrepe con Berlín.

Con los socialdemócratas de Francia e Italia (segunda y tercera economía de la eurozona) fuera de juego y la incapacidad de la izquierda para articular una alternativa al Partido Popular en España (cuarta economía de la eurozona), los conservadores afianzan aún más su dominio de la agenda política europea en este momento crucial, en que la UE está sumida en una grave crisis existencial.

El intento de rebelión de la izquierdista Syriza en Grecia contra la política de austeridad —"la única posible", según Merkel— fue aplastado sin contemplaciones en julio del 2015. Alemania, la Comisión Europea, el Eurogrupo y el BCE "castigaron" de forma ejemplar a Grecia con sacrificios y ajustes aún más drásticos, como denunció, entre otros, el sociólogo y filósofo alemán, Jünger Habermas, que acusó a Merkel de imponer "la hegemonía alemana en Europa". 

La socialdemocracia ha quedado arrinconada a una minoría entre los Veintiocho sin una influencia política relevante. Malta, es el único gobierno socialista en solitario, con Joseph Muscat, como primer ministro. El gobierno socialista portugués de Antonio Costa, respaldado por una coalición de izquierdas, intenta sobrevivir a los ajustes que le imponen la Comisión Europea y el Eurogrupo. El gobierno austriaco, encabezado por el canciller socialista Christian Kern, en coalición con los democristianos, está debilitado por la debacle de ambos partidos en las elecciones presidenciales de este año, en que sólo obtuvieron el 11% de los votos cada uno, y el auge de la extrema derecha del Partido de la Libertad (FPÖ), que logró el 46,7% de los votos.

El Gobierno socialdemócrata sueco de Stefan Löfven, en coalición con los Verdes, es quizá el más sólido de los ejecutivos socialistas existentes en la UE. Pero no forma parte de la eurozona y su política respecto a Europa está dominada por el objetivo de evitar nuevas cesiones de poder a Bruselas o medidas que puedan socavar el modelo social europeo o su capacidad legislativa.


El Gobierno checo también está encabezado por el socialdemócrata, Bohuslav Sobotka, en coalición con centristas y democristianos. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, asimismo figura como socialdemócrata aunque sólo sea por el nombre de su partido Smer-SD. Fico es uno de los líderes de la UE que dirige un gobierno aliado con la extrema derecha, el Partido Nacional Eslovaco (SNP). Los otros casos son los gobiernos conservadores de Dinamarca, aliados con el ultra Partido Popular Danés (DPP), y de Finlandia, con el Partido Finés (PS), sin contar los gobiernos ultraconservadores y autoritarios de Polonia y Hungría.



Este artículo se publicó por primera vez en El Periódico el 11 de diciembre de 2016

Europa está algo mejor, pero sigue muy mal


Sede de la Comisión Europea con la bandera de la UE



La Unión Europea (UE) y la eurozona están algo mejor que hace tres años, cuando estaba en duda la supervivencia del euro y del proyecto europeo, como señalan el Gobierno español y diferentes dirigentes europeos coincidiendo con el Día de Europa, pero siguen muy mal.

La salida de la recesión en la eurozona, retrasada a la segunda mitad de este año, se anuncia débil y problemática, las tasas de desempleo europeas y españolas alcanzan niveles récord y los líderes europeos siguen careciendo de una estrategia efectiva de salida da la crisis que vaya más allá de las palabras grandilocuentes y los millones ficticios de papel.

El antiguo desapego de los ciudadanos hacia el proyecto de integración europea se está transformando en una creciente hostilidad al responsabilizar a Europa y a las políticas impuestas desde la Comisión Europea de sus penurias cotidianas y de la falta de perspectivas futuras. El creciente éxito electoral de los grupos políticos populistas, extremistas y antieuropeos lo muestra claramente.

FRACTURA NORTE-SUR

La diferente situación económica de los países del sur y la periferia europea respecto al centro y el norte de Europa está abriendo además una brecha cada vez más profunda entre las dos Europas, que impide a Alemania y sus aliados percibir con objetividad la gravedad de la situación económica real europea. Esto lleva a Alemania y a la Comisión Europea a empeñarse en aplicar políticas que hasta ahora han agravado la recesión y el paro.

El Banco Central Europeo (BCE), prisionero de las rigideces impuestas por Alemania durante su concepción, no parece dispuesto a seguir el ejemplo de la Reserva Federal de Estados Unidos con su intervención decidida a favor del crecimiento mediante inyecciones masivas de fondos en el sistema económico norteamericano. El resultado no podría ser peor para Europa: mientras el producto interior bruto (PIB) de EEUU creció el año pasado el 2,2% y crecerá este año el 1,9%, el de la eurozona sufrió una contracción del 0,6% en el 2012 a la que le seguirá una contracción del 0,4% en el 2013.   
Tras demostrarse que las supuestas bases empíricas de la política de austeridad a ultranza se basaban en errores de cálculo y cifras manipuladas, la Comisión Europea ha suavizado el rigor en la reducción del déficit público, pero sigue sin presentar un plan efectivo de crecimiento y creación de empleo.

POBLACIÓN EMPOBRECIDA

La confianza ciega de Alemania y la Comisión Europea de que los ajustes y las reformas conseguirán por sí solos sacar a la eurozona de la crisis choca con la experiencia de la historia económica. El anterior primer ministro italiano y antiguo comisario europeo, Mario Monti, liberal y muy poco sospechoso de izquierdismo, ya ha advertido en repetidas ocasiones que «las reformas económicas por sí solas nunca traerán crecimiento».

Como señalan los premios Nobel de Economía Joseph Stiglitz  y Paul Krugman, la actual crisis es una crisis de falta de demanda y consumo, que no se resolverá con ajustes presupuestarios y reformas (políticas de oferta). Además, la enorme desigualdad socioeconómica acumulada en las últimas décadas y el drástico empobrecimiento de la clase media y trabajadora después de la crisis financiera del 2008 hace todavía más difícil la salida de la crisis, porque ha hundido la capacidad de consumo de la mayoría de la población, con excepción del reducido porcentaje de la élite socioeconómica que se enriquece cada vez a ritmos más acelerados, como subraya Stiglitz.

El Gobierno transmite desamparo en lugar de confianza


El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.


El Gobierno de Mariano Rajoy transmite desamparo, en lugar de confianza como debería, con sus sucesivas peticiones públicas de respaldo de la eurozona y del Banco Central Europeo (BCE). Estas peticiones, que el propio Rajoy y el ministro de Economía, Luis de Guindos, multiplican en las últimas semanas, acentúan la impresión de que el país está en dificultades quizá mayores de las que perciben los mercados financieros y contribuyen a mantener vivas las dudas sobre la solvencia financiera de España.

Las reiteradas peticiones públicas de Rajoy al BCE para que intervenga en los mercados financieros en apoyo de la maltrecha deuda pública española corren el riesgo de provocar precisamente el efecto contrario. Cuanto más insistentes sean las peticiones, más inclinado se sentirá el BCE a no intervenir para demostrar que mantiene su sacrosanta independencia de las autoridades políticas europeas.

El BCE además ha suspendido desde hace más de diez semanas su programa de intervención selectiva en el mercado secundario en apoyo de la deuda de los países acosados para forzar a esos países, y en especial a España, a adoptar las indispensables reformas pendientes y en particular el saneamiento definitivo del sector financiero español y el enderezamiento de las descontroladas cuentas públicas autonómicas.

España se encuentra en una situación de profunda debilidad política frente a sus socios de la eurozona, porque cuatro años después del inicio de la crisis financiera el sector bancario español dista aún de estar saneado, la crisis se ha cobrado una nueva entidad clave como Bankia y los directivos bancarios siguen ocultando en sus balances voluminosas pérdidas encubiertas de los activos del sector inmobiliario y de los créditos refinanciados a las grandes compañías inmobiliarias.

La fragilidad del sector financiero español y los riesgos de inestabilidad y desconfianza que genera al conjunto de la eurozona son precisamente una de las principales preocupaciones del BCE en estos momentos.

El golpe de gracia a la credibilidad del Gobierno de Rajoy hay sido la súbita aparición de otros 0,4 puntos de déficit público ocultados por tres comunidades autónomas gobernadas por el PP en el 2011, que han elevado el déficit público al 8,9% del producto interior bruto (PIB).

El Gobierno tampoco acaba de convencer a la Comisión Europea por sus cálculos optimistas en la recaudación prevista en el presupuesto del 2012, la subvaloración del gasto real de la Seguridad Social durante este año pese al nuevo disparo del desempleo y la poca concreción en el programa de estabilidad respecto a las medidas que se adoptarán en el 2013 para rebajar el déficit al 3%,

En este contexto, cada nueva petición pública de respaldo que formula el Gobierno a la eurozona y al BCE se convierte en una confesión pública de la propia debilidad y fragilidad de España y una invitación a los especuladores financieros a acentuar su acoso a la deuda pública y a las acciones de las entidades financieras.

El Gobierno de Rajoy no entiende la UE


El primer ministro belga, Elio di Rupo, con Mariano Rajoy en una cumbre europea


El Gobierno presidido por Mariano Rajoy parece no comprender muy bien como funciona la Unión Europea (UE). Primero fue su pésima estrategia de enfrentamiento con la Comisión Europea y la sus socios en la eurozona para suavizar el objetivo de déficit público para este año, que ha reducido sustancialmente la credibilidad de España. Ahora ha sido su pretensión de modificar drásticamente la red transeuropea de transportes, negociada durante dos por la Comisión Europea con cada uno de los gobiernos de los 27 países de la UE, como si los compromisos adquiridos previamente por el Estado español con la UE y sus demás socios perdieran validez por el simple cambio de Gobierno tras las elecciones.

La estrategia seguida por Rajoy y su ministro de Economía, Luís de Guindos, con el déficit público podría costar a España la pérdida del puesto permanente en el comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE) cuando expire a finales de mayo el mandato de José Manuel González Páramo.

La pérdida de este puesto la cúpula del BCE, que le ha correspondido tradicionalmente como uno de los cuatro grandes países de la zona euro, supondría el reconocimiento público de que España se ha convertido en un país política y económicamente de segunda división. Finlandia, Holanda y Luxemburgo están en contra de nombrar a otro español para el puesto y Alemania no ha dado hasta ahora la más mínima señal de respaldo a España en esta cuestión.

Rajoy y De Guindos, en lugar de negociar abiertamente una flexibilización del objetivo del déficit público para este año con la Comisión Europea y sus socios, prefirieron repetir hasta la saciedad declaraciones públicas huecas reafirmando su voluntad de respetar unos compromisos, cuando en realidad pensaban saltarse esos mismos compromisos unilateralmente, como si desconocieran las claras disposiciones de las nuevas normas endurecidas del pacto de estabilidad y de gobierno económico europeo.

El Eurogrupo obligó el pasado 12 de marzo al Gobierno español a corregir el objetivo de déficit que había fijado unilateralmente para este año: el 5,3%, del producto interior bruto (PIB), en lugar del 5,8%. El Gobierno presentó como una victoria esa derrota política, porque había logrado una flexibilización y que no se le exigiera cumplir el objetivo inicial del 4,4%.

Pero a causa de esa política de falsas declaraciones y desafíos nacionalistas el Gobierno se ha dejado por el camino la credibilidad tan duramente conseguida por España en los últimos años y esa pérdida de credibilidad precisamente podría costar el puesto español en la cúpula del BCE.

Uno de los mayores críticos a la estrategia del Gobierno de Rajoy ha sido el presidente del BCE, Mario Draghi, de cuya buena voluntad depende la intervención de la institución en el mercado secundario de deuda pública si se produjeran nuevos asaltos especulativos contra la deuda española. Esa misma estrategia nefasta ha frenado la reducción de tipos de interés de que se beneficiaba España en los mercados internacionales y ha vuelto a disparar al alza los tipos de la deuda a diez años, muy por encima de la deuda italiana, colocando a España en la primera línea de peligro de nuevos ataques especulativos.

La fijación del objetivo de déficit al 5,3% para este año tampoco ha resuelto los problemas de España en el saneamiento de sus cuentas públicas. Primero, porque la Comisión Europea sigue sin estar muy satisfecha de las explicaciones dadas sobre el incomprensible desvío en prácticamente un solo mes del déficit del 2011 del estimado 6%-7% al 8,5%. Segundo, porque el Gobierno se ha negado a revelar debido a las elecciones andaluzas cómo piensa rebajar el déficit este año del 8,5% al 5,3% y a continuación al 3% en el 2013. Y tercero, porque la Comisión Europea mantiene abierta su amenaza de amonestar y sancionar a España por no haber cumplido sus obligaciones de reducir el déficit público al ritmo pactado si los planes de ajuste previstos en los presupuestos del 2012 y en el programa de estabilidad para el 2013 no le parecen suficientes y adecuados.

Y con las redes transeuropeas ha vuelto a repetirse la misma situación de que por motivos puramente de política interna, ni siquiera económicos, el Gobierno olvida como funciona la UE y sufre una importante derrota política al quedar aislado en el Consejo de Ministros europeo a causa de unas demandas imposibles de asumir.

La pretensión de la ministra de Fomento, Ana Pastor, de modificar sustancialmente una red pactada previamente con la inclusión del corredor ferroviario central a través del Pirineo, que no cuenta con el respaldo indispensable de Francia para llevarlo a cabo, supone un derroche inútil de energía, medios y del propio caudal político y credibilidad de España en la UE.

El empecinamiento del Gobierno de Rajoy en esa opción actualmente imposible del túnel pirenaico corre el riesgo de que no se preste la suficiente atención, diligencia y esfuerzo económico a los dos corredores sí aprobados, el mediterráneo y el atlántico, que son cruciales para el desarrollo económico futuro de España.

El Gobierno no se aclara con el déficit

Mariano Rajoy y Angela Merkel en Berlín


El Gobierno de Mariano Rajoy, prisionero de la promesa electoral imposible de cumplir de no subir los impuestos, está dando una alarmante imagen internacional de inseguridad, indecisión y confusión sobre el respeto del compromiso de reducción del déficit público pactado previamente con la Unión Europea (UE). Ésta actitud del Gobierno del PP está provocando un profundo malestar en la Comisión Europea, que teme que reactive la desconfianza en la deuda pública de la zona euro y que agrave la crisis financiera precisamente ahora que los mercados se habían tranquilizado y los tipos de interés comenzaban a ceder.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, fue el primero en insinuar que el Gobierno aspira a que la Comisión Europea le autorice a suavizar el objetivo de reducción del déficit público para este año y le permita un déficit superior al 4,4% del producto interior bruto (PIB) al que se había comprometido previamente España. Montoro justificó la necesidad de esa revisión por el empeoramiento de la situación económica y la posible recesión que sufrirá este año España.

La vicepresidenta de Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, desmintió inmediatamente el 20 de enero que el Ejecutivo se planteara revisar el objetivo de déficit. Pero Montoro volvió a la carga el 22 de enero con nuevas declaraciones en las que indicaba claramente que pretendía negociar con la Comisión Europea un objetivo de déficit más alto y menos ambicioso.

El ministro de Economía, Luís de Guindos, declaró el 23 y 24 de enero en Bruselas que el Gobierno no tenía intención de modificar “de momento” el objetivo de déficit público, pero mantuvo la ambigüedad al enfatizar una y otra vez “en estos momentos”. Sin embargo, De Guindos al día siguiente reconoció claramente que el Gobierno aspiraba a negociar con la Comisión Europea una reducción del déficit menor de la prevista por la difícil situación económica.

El propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, confirmó el 26 de enero en Madrid que esas eran los planes del Gobierno. Pero después no se atrevió a plantear esa posibilidad durante la reunión que ha mantenido con la cancillera alemana, Angela Merkel.

La Comisión Europea ya ha advertido en tres ocasiones esta semana a España que es “esencial” que cumpla escrupulosamente los objetivos de reducir el déficit público al 4,4% del PIB en el 2012 y al 3% en el 2013, porque se enfrenta a una “crisis de confianza” y “lo más importante en estos momentos es recuperar la credibilidad”.

El Ejecutivo comunitario está especialmente molesto de que De Guindos ocultara al Eurogrupo cuáles eran las intenciones reales del Gobierno. La Comisión Europea tampoco está satisfecha con la excusa de que el déficit público del 2011 fue superior en 2 puntos al 6% previsto, porque la desviación no fue culpa del Gobierno anterior, sino fundamentalmente del descontrol de las comunidades autónomas, la mayoría de las cuales están gobernadas por el PP.

Esta ceremonia de la confusión que está creando el Gobierno puede echar por tierra la credibilidad que tan duramente ha recuperado España en los mercados internacionales. Los tipos de interés de la deuda española han bajado gracias a la inyección masiva de liquidez al sector financiero realizada por el Banco Central Europeo (BCE) que está promoviendo la compra de deuda pública europea por parte de los bancos. Pero esta tregua podría acabarse bruscamente si el Gobierno no define claramente sus objetivos. “Así es como se va a un rescate”, comentaron fuentes comunitarias. La advertencia no puede ser más clara. 

Merkel impone un euro “alemán” sin asumir ninguna contrapartida


Angela Merkel, y Nicolas Sarkozy en la cumbre de la UE


La cancillera alemana, Angela Merkel, consiguió su objetivo en la cumbre de la Unión Europea (UE) del pasado 8 y 9 de diciembre de imponer su modelo de rigor y disciplina presupuestaria al conjunto de una eurozona debilitada sin comprometerse prácticamente a nada a cambio. Merkel fue la vencedora política indiscutible de la tormentosa reunión europea en Bruselas, mientras que el primer ministro británico, David Cameron, fue el perdedor más absoluto.
         
Merkel está convencida que la mera virtud, una aplicación escrupulosa del rigor presupuestario, será suficiente por sí sola para recuperar la confianza de los mercados financieros en la deuda pública.

La cancillera se negó de forma inflexible a lo largo de las maratonianas negociaciones a que el pacto fiscal del euro incluyera ninguna medida adicional de solidaridad, como un incremento de la potencia de fuego financiera del fondo de rescate contra los especuladores o la simple mención de la posibilidad de crear a largo plazo eurobonos en una eurozona de cuentas públicas saneadas y virtuosas.

La ausencia de una estrategia para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo en una eurozona al borde de la recesión es otro elemento distintivo y preocupante de la cumbre.
         
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, coimpulsor de la iniciativa, actuó una vez más como acompañante. Su único éxito fue convencer a Merkel de que rectificara y abandonara su doctrina de que la banca y los inversores deberían también contribuir en el futuro a sufragar el coste del eventual rescate de un país en apuros.
         
Esta exigencia de Merkel formulada hace un año en la cumbre franco-alemana de Deauville ha sido la responsable del contagio de la crisis griega a Italia y España, como ya había advertido que ocurriría el Banco Central Europeo (BCE), y ha salido muy cara a ambos países y al conjunto de la eurozona.
         
El aumento del fondo de rescate o su financiación a través del BCE y algún tipo de mutualización de la deuda pública, defendidos por Sarkozy, el presidente de la UE, Herman Van Rompuy, España y numerosos países no prosperaron y fueron bloqueados por Merkel.
         
El pacto fiscal del euro representa un paso adelante muy importante hacia la integración económica y política de la eurozona, pero dado el comportamiento de las agencias de  calificación y la irracionalidad que domina los mercados puede resultar insuficiente para resolver la crisis y restablecer la confianza en la deuda pública europea.
         
La otra dificultad que deberá superar el pacto fiscal del euro es el traslado de su contenido a los artículos de un tratado y su encaje con el marco institucional ya existente en la UE. La experiencia ha demostrado que esa tarea puede degenerar en complejas discusiones entre los países por el redactado de cada línea.


Almunia: “Nadie saldrá de la crisis del euro a costa de los demás”


Comisario europeo Joaquín Almunia


Texto íntegro de la entrevista con el comisario europeo Joaquín Almunia sobre la crisis de la zona euro. Una versión más reducida fue publicada por EL PERIÓDICO el pasado 5 de diciembre

El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, destacó en una entrevista a EL PERIÓDICO que «los mercados están pidiendo más integración política y económica a la zona euro» y que la eurozona debe encaminarse hacia “una unión fiscal, con un tesoro único y una agencia de deuda común”. Almunia señaló que sólo así se podrá «recuperar soberanía y autonomía» frente a los especuladores. El comisario asimismo subrayó que «nadie va a salir de esta crisis a costa de los demás» y que sería inviable «una zona euro a dos velocidades», con países de primera y de segunda.

--¿Qué ha fallado en la zona euro para encontrarse a merced del acoso de los mercados?

--Había economías de países pertenecientes a la zona euro que venían acumulando graves desequilibrios, que se han convertido en insostenibles a raíz de la crisis financiera. No todos son de la misma naturaleza. Grecia ha acumulando una enorme deuda pública. Italia también tiene un problema de deuda pública, claramente menor que el de Grecia, pero a su vez Italia viene acusando durante toda la pasada década de una bajísima capacidad de crecimiento. Irlanda ha tenido un sistema bancario totalmente exagerado vinculado a la burbuja inmobiliaria. Portugal tiene una mezcla de todos los problemas: tiene bajo crecimiento, demasiada deuda, exceso de gasto público y poca inversión y poca iniciativa privada. España ha venido acumulando un nivel de endeudamiento privado muy elevado también en relación con la burbuja inmobiliaria… etc. La gravedad de los problemas es muy diferente. No se puede comparar el caso griego con el caso español. La integración económica y monetaria ha acentuado el contagio y los países con mayores problemas, aunque tengan un tamaño económico pequeño, están contagiando a los grandes. Y a su vez los problemas de la zona euro se contagian al resto del mundo.

--¿No ha fallado la estructura misma de la zona euro que nos ha dejado desarmados frente a una crisis como la actual?

--Ha fallado en términos políticos y en términos de funcionamiento de los mecanismos de gobierno de la zona euro. Ha faltado previsión, vigilancia y disciplina, porque cuando se detectaban los problemas no había capacidad de corregirlos de forma eficaz. Además ha habido Había el malísimo ejemplo del precedente de que los países más grandes y más poderosos, Francia y Alemania, fueron los primeros en romper las reglas del pacto de estabilidad en el 2003.

--¿No faltaba una estructura política que reforzara la unión monetaria?

-- Tenemos un magnífico instrumento que es el BCE, que es un banco independiente, único para el conjunto de la zona euro, que ha ganado reputación y prestigio, no sólo antes de la crisis, sino durante la crisis. Pero junto al BCE nos hubiera gustado tener otros instrumentos, como por ejemplo, una agencia de deuda capaz de emitir de deuda pública en nombre de todos los países de la zona euro y no la tenemos, nos hubiese gustado tener una capacidad de decidir en común e imponer la aplicación leal y eficaz de las decisiones adoptadas. Estamos en la necesidad, en la obligación de definir los siguientes pasos de la integración económica, hacia la creación de una unión fiscal, de un tesoro único y hacia una mayor integración política.

--¿Cuáles son las decisiones más urgentes que hay que adoptar?

--Hay decisiones que debían haber sido tomadas ya, pero que espero que se tomen de aquí a la cumbre del día 9 de diciembre. Por ejemplo, sentar las bases para que Grecia disponga de un nuevo programa de financiación para los próximos años, porque Grecia no puede salir adelante solo con sus propios recursos. Segundo, hace falta también tomar decisiones urgentes para apoyar la confianza y la credibilidad de la deuda pública de todos los países de la zona euro. Tenemos el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, creado el año pasado, pero tiene que ser más operativo, más flexible y más creíble en cuanto a su capacidad de protegernos frente al contagio, frente a nuevas turbulencias en los mercados. Se han tomado decisiones, pero no se están aplicando todavía y aún no se ha tomado en todos sus aspectos la decisión de aumentar el tamaño, la credibilidad y la potencia de fuego de ese instrumento financiero. Tercero, tenemos que tomar decisiones para que la crisis de la deuda pública  no contagie al sistema financiero. Estamos hablando las condiciones de financiación de la banca y estamos discutiendo las condiciones y los plazos para mejorar la solvencia de las entidades financieras a través de una recapitalización. Hay mucha tarea por delante, para los próximos días, semanas y meses. A esta tarea hay que sumar los ajustes duros e imprescindibles que deben desarrollar los países con mayores desequilibrios y sometidos a mayor presión.

--¿Y a nivel de reforzamiento de la integración de la zona euro?

--Hay que poner en marcha nuevos modos e instrumentos de integración. En muchos casos, se puede conseguir sobre la base del actual tratado y la Comisión Europea aprobó ya el 23 de noviembre dos reglamentos para reforzar la supervisión y la eficacia del control de las políticas económicas y presupuestarias, que ahora serán discutidas por el Consejo de Ministros de la UE y el Parlamento Europeo. Pero hay países que pretenden ir más allá y proponen discutir nuevos cambios en el tratado, no un nuevo tratado para que tengamos apoyo jurídico para que podamos llegar hasta donde es necesario llegar.
  
--¿Serán suficientes para reinvertir el actual acoso y desconfianza de los mercados?

--Lo que va a calmar a los mercados no es una medida parcial, ni mucho menos una declaración o una reunión. Lo que los mercados están pidiéndonos a los gobiernos nacionales y a los responsables europeos es que tengamos una mayor capacidad de decisión en común, por lo tanto nos están pidiendo más integración, más integración económica y más integración política. Sólo saldremos de verdad de una situación de crisis tan seria como ésta a base más integración, a base de más capacidad para tomar decisiones entre todos y responsabilizarnos cada uno de la aplicación de las medidas que nos correspondan y dando cuenta al resto de nuestros socios y a las instituciones europeas en común. Por lo tanto, hay urgencia de compartir más soberanía a nivel de la zona euro. Parte de las decisiones que históricamente han correspondido durante siglos a cada uno de los estados-nación hoy tenemos que ser consciente que sólo serán eficaces y sólo producirán los resultados deseados si las tomamos en común. Nadie va a salir de esta crisis a costa de los demás. Sólo podremos superar esta crisis actuando juntos, de manera coordinada, con objetivos comunes y con un reparto de tareas pactado entre todos.

--¿Hasta donde tiene que llegar esta integración política en la zona euro para que funcione?

--Hasta donde sea necesario. Hay que acompañar ese proceso de integración monetaria con la integración de determinadas decisiones de política económica que tradicionalmente recaían en la soberanía nacional. Hoy en día no es imaginable dentro de la zona euro que un país pueda decidir qué presupuesto hace para los próximos años sin acomodarse o sin encajar sus prioridades en las prioridades comunes y sin discutir con sus socios alrededor de una mesa sus opciones presupuestarias y todas las decisiones políticas implícitas en ese presupuesto.

--¿También las políticas económicas deben coordinarse o ponerse en común?

--Por supuesto. No todas requieren el mismo grado de coordinación o integración, pero hay muchas políticas que sí lo requieren. Eso no hay que interpretarlo desde el punto de vista de la menor capacidad de decisión nacional en cada uno de los países. Hay que interpretarlo como la mejor manera de aumentar la eficacia de nuestras decisiones. Hace 50 años era muy eficaz tomar decisiones en un solo país. Las economías estaban más cerradas, los mercados financieros mucho menos integrados, los intercambios económicos y los flujos de inversión mucho menores, la capacidad de conexión de nuestras economías era muy baja, y por tanto, el ámbito más relevante para las decisiones económicos eran los estados. Hoy en día esto no es así. Es imprescindible adoptar las decisiones a nivel de la zona euro para recuperar nuestra capacidad de decisión, para que no sean precisamente los mercados los que nos impongan sus orientaciones, sus prioridades. Es imprescindible para recuperar soberanía y autonomía frente a los mercados.

--¿Llevamos casi dos años de crisis de la deuda pública europea no va todo el proceso demasiado lento?

--Sin duda hay decisiones que debían haberse tomado antes. En esta crisis hemos aprendido muchas cosas, una de ellas es que no sirve de nada retrasar las decisiones que son imprescindibles, inexorables. Cada mes de retraso suponen más dificultades después para poderlas aplicar y más costes para poder financiar su aplicación. Ahora, dicho esto, hay que mirar con una cierta perspectiva donde estábamos hace tres años en materia de integración y donde estamos ya ahora y todo lo que hemos avanzado, incluso teniendo en cuenta todos lo que nos queda por hacer. Hoy tenemos ya unos instrumentos para tomar decisiones en común, para vigilar la ejecución de las decisiones, para supervisar al sistema financiero…

--¿El hecho de que sean Alemania y Francia quienes estén dirigiendo estos cambios no crea una situación de directorio de facto franco-alemán de la zona euro?

--La dirección real de las decisiones que se están tomando la estamos dando en las instituciones europeas. Ninguna legislación, ninguna regulación europea se puede llegar a discutir siquiera si previamente la Comisión Europea no ha tomado la decisión de presentar la propuesta correspondiente. Una vez que la Comisión Europea presenta sus propuestas legislativas de regulación financiera o de coordinación económica y presupuestaria, esas propuestas se debaten por el Consejo de Ministros de la UE, por 27 o en algunos casos por los 17 estados que forman la zona euro y por el Parlamento Europeo. Dicho esto, hay una evidencia obvia desde el principio de la integración europea es que si Francia y Alemania no están de acuerdo Europa no avanza, porque esos dos países ocupan un lugar central. Y como saben que discrepando uno frente a otro, nadie es capaz de avanzar, a veces ha dado la impresión que son ellos quienes en sus reuniones tienen la sartén por el mango, pero mirando más de cerca las cosas, se ve que no es así.

--Pero las propias propuestas que formula la Comisión Europea, como los reglamentos de control reforzado de los países, responden prácticamente a los planteamientos que formulados previamente por Berlín y París?

--En el análisis que hicimos a final del 2008 de los diez primeros años de la unión económica y monetaria está ya apuntado todo lo que necesita para acabar siendo un conjunto coherente. Es verdad que la crisis ha obligado a acelerar los calendarios y es verdad que en algunas reuniones, como la que dio lugar al famoso pacto del euro plus, que ideas de Francia y Alemania han marcado orientaciones. Pero también es verdad que estas ideas sólo se pueden poner en práctica de forma eficaz a través del método comunitario: iniciativa de la Comisión Europea y aprobación por el Consejo de Ministros de la UE y por el Parlamento Europeo. Otra más de las enseñanzas de la crisis es que si no actuamos conforme al método comunitario perdemos tiempo, malgastamos esfuerzos y sobre todo no somos eficaces, no somos capaces de resolver los problemas.

--¿Es posible y viable una eurozona con dos velocidades, con unos países dentro del euro más integrados que otros?  

--La moneda única no es compatible con una zona euro de dos velocidades. Ni desde el punto de vista económico, ni mucho menos desde el punto de vista político. Todos los países que comparten la misma moneda tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones, deben estar sujetos a las mismas reglas y participar en pié de igualdad en las instituciones de la Unión económica y Monetaria.

--¿La crisis no muestra que el BCE debería adoptar un papel más cercano al que tiene el Banco de Inglaterra, la Reserva Federal o al Banco de Japón para combatir con eficacia los ataques especulativos contra la deuda pública?

--La tarea que ha llevado a cabo el BCE ha sido impresionante. Y los observadores objetivos, cuando analizan como han actuado los diferentes bancos centrales en esta crisis, todos ponen en un lugar muy, muy preferente, y muchos de ellos en primer lugar, la responsabilidad, la calidad, y la eficacia del BCE. Dicho esto, también es obvio que el BCE, no es un banco central como los demás, no es un banco central de un solo país, ni tiene como interlocutor en la esfera política a un solo gobierno. Por lo tanto, hay cosas que el BCE no puede hacer porque no tienen mandato para hacerlo en el tratado, pero tampoco sería oportuno, ni eficaz que lo hiciese, porque dirigir la política monetaria para 17 países es muy complicado y tiene que encontrar sus limitaciones. Pero cuando el sistema financiero, los mercados financieros y el sistema bancario europeo, han necesitado liquidez, el BCE no ha tenido ningún temor de proporcionar liquidez de manera ilimitada y a un coste muy bajo. Por tanto, el BCE en relación con los bancos, con las entidades financieras, está cumpliendo su papel desde el origen de la crisis.

--Pero en cambio su capacidad de actuación para proteger la deuda pública es muy limitada en comparación a los otros bancos centrales de las otras divisas.

--El BCE incluso ha ido más allá de su mandato y, en momentos en que la crisis de la deuda pública ha creado problemas muy serios, ha ido al mercado secundario de deuda a comprar deuda pública para aliviar esas tensiones. El BCE tiene que mantenerse en su papel. Es verdad que no se va a quedar de brazos cruzados si ve que el resto de responsables económicos y financieros no cumplen con su papel. Pero no es bueno que el BCE se vea obligado a llegar hasta el límite de sus capacidades de actuación. Es mucho mejor que los gobiernos de los países de la zona euro sean capaces de poner en práctica decisiones, instrumentos financieros y políticas coordinadas para evitar llegar a estas situaciones límite.

--¿Qué la zona euro intente recurrir a inversores extranjeros para reforzar su fondo de rescate no muestra una debilidad política y económica?

--Vivimos en una economía global y los mercados financieros están totalmente integrados a ese nivel. EEUU lleva años financiando sus necesidades de ahorro para cubrir su déficit público y su déficit exterior principalmente a través de China y Japón.

--No es tanto que los inversores extranjeros compren deuda pública europea, como el pedir a esos extranjeros que financien el fondo de rescate europeo.

--Una operación de rescate, como por ejemplo, dotar de más recursos al fondo europeo de estabilidad, es para apoyar la deuda pública de los países o para aumentar la capacidad de los tesoros a pesar de las dificultades de financiación para no tener que pagar unos costes inadmisibles.

--No es una debilidad del eurozona

--Lo que me parece una debilidad es no ser capaz de resolver los desequilibrios sin necesidad de tener que pedir prestado.

--Varios premios Nobel de economía consideran que las políticas de austeridad a ultranza que se aplica en la UE agravará la crisis económica.

--Una cosa es pedir una mayor integración de las decisiones y una puesta en común de las responsabilidades, que es imprescindible, y otra  cosa distinta es decir que todos tienen que seguir está determinada línea política. La situación económica de los países europeos es diferente. La posición de Alemania es distinta de la de Italia; la de Irlanda, diferente de la de Grecia; la de Suecia, distinta de la de España. Hay países, pocos, que no han tenido déficits superiores al 3% ni siquiera en los peores momentos de la crisis. Y hay países que tenían niveles de deuda pública ya insostenibles antes del inicio de la crisis. Por tanto, el país con un nivel de deuda no sostenible, lo primero que tiene hacer si quiere enderezar su economía es consolidar sus cuentas públicas y aplicar una estrategia que no es de meses sino de años para volver a situar sus niveles de endeudamiento en parámetros sostenibles. Hay otros países que no tienen ese problema o no es tan urgente y puede combinar mejor una política de sostenimiento de la demanda a corto plazo con medidas que permitan afrontar una consolidación fiscal y permitan mantener la deuda bajo control a medio y largo plazo. En la zona euro tenemos de los dos casos. Decirle hoy a Grecia, Italia, Irlanda o Portugal, que no tiene que seguir haciendo ajuste fiscal es el peor consejo que se puede dar a un país que no tiene en estos momentos acceso a los mercados, que no le prestan, porque los mercados le consideran insolvente o casi insolvente. Mientras que países que no tienen esos problemas, pero que más bien tienen un exceso de ahorro se les debe pedir que animen su economía y consuman más, ahorren menos o gasten más, porque esto no sólo es va a beneficiar en su crecimiento interno nacional sino que ayudará a todos a mantener una mezcla de políticas económicas coherentes. 

--Tres años después de inicio de la crisis financiera, la banca europea sigue estando bajo sospecha. ¿Qué ha fallado?

--No todos están en la misma situación, pero es verdad que como consecuencia de los problemas de la deuda pública se han vuelto a reproducir tensiones en la liquidez de algunos bancos, bancos perfectamente solventes, perfectamente capitalizados, han vuelto a sufrir problemas de liquidez como consecuencia del contagio al mercado interbancario de la crisis de la deuda pública, y en la medida que los problemas de liquidez y las tensiones de financiación no se resuelven pues esa impacto puede llegar a convertirse de nuevo en un problema de solvencia. Creo que, si conseguimos calmar al mercado de la deuda pública y conseguimos serenar la actitud de los inversores respecto de la deuda pública de la zona euro, las tensiones en el mercado interbancario, en la financiación de la banca remitirán, porque a lo largo de la crisis se han hecho esfuerzos de reestructuración de los balances de los bancos muy importantes. No digo que todos lo hayan hecho en la misma dimensión, pero hay muchos bancos que han mejorado estructuralmente gracias a las políticas, a las medidas duras a veces, que se han visto obligados a adoptar a lo largo de la crisis.

--No hay riesgo de que sigan teniendo ocultos carteras importantes de productos financieros poco solventes

--Quedan reestructuraciones en marcha, No todas han culminado. Queda ahora un proceso no sólo de mejora de la liquidez y de las condiciones de financiación de la banca, sino también de recapitalización de muchos bancos, porque hay que exigirles que refuercen su solvencia y sus balances. Pero sinceramente creo ya conocemos prácticamente todo de lo que hay en el balance de los bancos.

--¿España corre el riesgo de acabar bajo tutela europea Italia?

--Todo depende de nosotros, de las autoridades españolas, del nuevo Gobierno, de las fuerzas políticas, de las instituciones, de la sociedad española. También son importantes las actitudes que adopten los agentes económicos y sociales. Nadie nos va a regalar nada. Pero tampoco nadie nos va a condenar de antemano. Dependemos de nosotros mismos. Eso sí sabiendo que vivimos en un espacio europeo integrado. Tenemos muchísimas oportunidades para no ser victimas de nuestros propios errores,  lo que hay que hacer es aprovechar esas oportunidades y no pensar que alguien desde fuera nos va a sacar gratis las castañas del fuego.

--¿Cuáles deben ser las tareas prioritarias del nuevo Gobierno español?

--Los españoles le han dado una confianza muy grande a quienes van a gobernar. No creo que deba dar consejos. El Gobierno saliente y quienes van a formar el futuro gobierno saben perfectamente cuales son los problemas. Ahora  el nuevo Gobierno debe decir cuanto antes con claridad como va afrontar los problemas.

--¿El nuevo Gobierno deberá seguir las mismas políticas que el saliente o dispondrá de algún margen de maniobra?

--Desde mayo del 2010, el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero ha recuperado mucha confianza y mucho crédito para España en Europa y entre los agentes económicos por las decisiones valientes y difíciles que ha tomado. Le corresponde al nuevo Gobierno decir si va a seguir aplicando las mismas políticas y cuáles son sus nuevas orientaciones. Por ello, lo que todo el mundo quiere saber es en qué consisten, cuáles van a ser las reformas, las políticas y las medidas que va a adoptar.

--¿Dispondrá el nuevo Gobierno de un margen de tiempo para actuar o los mercados no le darán tregua?

--En estos momentos tan difíciles que estamos viviendo, el tiempo se mide en segundos, no se mide en semanas, ni en meses. No hay un segundo que perder.

--¿Cuáles son los puntos fuertes de la economía española sobre los que puede apoyarse una recuperación y una salida de la crisis?

--Aunque la economía española está sometida a un proceso de ajuste, vemos que hay sectores orientados hacia la exportación, que han conseguido ganar cuotas de mercado y que se han comportado de forma muy positiva, en algunos casos sólo comparable a como se han comportado las exportaciones alemanas. Creo que la economía española tiene emprendedores que han demostrado en muchas ocasiones ya que son capaces de asumir riesgos y de innovar. Tenemos grandes historias de éxito en la economía española en los últimos 25 años.

--Pero la tasa de paro juvenil supera el 48%.

--Tenemos una juventud desgraciadamente con unos niveles de paro muy alto, pero con un bagaje educativo y una formación como nunca ha tenido España. Tenemos un país con una población que ha crecido. Tenemos un país joven que ha demostrado  en muchas ocasiones que es una sociedad que no tiene miedo al cambio, que sabe afrontar el futuro con ilusión, con ambición, con imaginación. Veo muchas más rigideces mentales y muchas más resistencias al cambio en otros muchos países europeos. Creo que España es un país dinámico, con más ganas de avanzar hacia el futuro que otros muchos. Hay muchos elementos positivos. Lo que hay que hacer es organizarlos de manera coherente y plantear las políticas que pueden sacar el máximo rendimiento más a nuestros activos y puntos fuertes.