El Blog de Eliseo Oliveras sobre política internacional. Una mirada crítica y sin compromisos desde la capital de Europa sobre las claves, el funcionamiento y los entresijos de la Unión Europea (UE), de la OTAN y de sus estados miembros.
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Un estudio desmonta las bases empíricas de la política de austeridad


El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn



La política de austeridad a ultranza que ha hundido a la eurozona de nuevo en la recesión se basa en datos y conclusiones analíticas erróneas. Así lo acaba de demostrar un estudio de la Universidad de Massachusetts elaborado por los profesores Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin.

El estudio “¿Ahoga sistemáticamente el crecimiento una deuda pública elevada?” demuestra que es falso que el crecimiento económico de un país caiga en picado cuando la deuda pública supera el umbral del 90% del producto interior bruto (PIB), como sostenían las bases empíricas utilizadas por la Unión Europea (UE), EEUU y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esto echa por el suelo la estrategia política de recortar el déficit público a ultranza para evitar que la deuda pública alcance ese fatídico nivel. Como consecuencia de ello, el estudio muestra que sigue siendo posible modular el gasto público para reanimar el crecimiento económico.

CRECIMIENTO CON DEUDA ELEVADA
El nuevo estudio indica que el crecimiento anual baja de media al 2,2% cuando se supera el umbral de deuda del 90% en las economías avanzadas tomando como base de datos el periodo 1946-2009, pero no cae al -0,1%, como sostenían los  profesores Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en su informe «Crecimiento en tiempos de deuda». Esto es debido a que las bases de cálculo de Reinhart-Rogoff están repletas de graves errores, de datos omitidos y de ponderaciones injustificadas que conducen a un resultado equivocado muy sesgado a favor de la austeridad.

Tras corregir esas deficiencias, los profesores de la Universidad de Massachusetts muestran utilizando el mismo esquema Reinhart-Rogoff que los países con una deuda inferior al 30% registraron de media un crecimiento del 4,1% en el conjunto del periodo 1946-2009, los países con una deuda entre el 30% y el 90% tuvieron un crecimiento anual medio alrededor del 3,2% y los países con deudas superiores al 90% el crecimiento fue del citado 2,2%.

MENOR IMPACTO DE LA DEUDA AHORA
El nuevo estudio de los profesores Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin revela además que el efecto de la deuda pública elevada sobre el crecimiento en el periodo 2000-2009 es mucho menor que en la secuencia histórica larga. Así muestra que países con una deuda superior al 90% tuvieron un crecimiento de media del 1,7% en ese periodo, superior al de los países con una deuda entre el 60% y el 90% (1,3%).

Asimismo, el nuevo estudio muestra que en el periodo actual 2000-2009 los países con una deuda inferior al 30% sólo tuvieron un crecimiento superior en 1 punto porcentual a los que tenían una deuda superior al 90% y que los países con deuda entre el 30% y el 60% sólo crecieron 0,2 puntos más que aquellos en los que superaba el 90% del PIB.

Los profesores de la Universidad de Massachusetts han añadido además dos nuevos bloques en la secuencia histórica larga (1946-2009) que revelan que con una deuda pública comprendida entre el 90% y el 120% del PIB el crecimiento anual medio se situó en el 2,4% y con una deuda pública superior al 120% el crecimiento medio anual aún se mantuvo en el 1,6%, lejos de los resultados catastróficos del esquema Reinhart-Rogoff.

Los resultados erróneos de Reinhart-Rogoff  han sido utilizados por la Comisión Europea como base empírica para imponer su política de austeridad a ultranza, que ha devuelto a la eurozona a la recesión y también se utilizan en EEUU como referencia para defender un recorte drástico del gasto público norteamericano. El propio comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, aún afirmó públicamente en febrero del 2013 que “investigaciones académicas serias” muestra que una deuda pública superior al 90% del PIB conduce a un bajo crecimiento.

Un Chipre en quiebra asume la gestión semestral de la UE


El presidente de Chipre, Dimitris Christofias, durante la cumbre europea de junio del 2012


Un Chipre en quiebra financiera y dividido territorialmente ha asumido la gestión semestral de la Unión Europea (UE) desde el pasado 1 de julio, lo que obstaculizará el necesario avance urgente en numerosas medidas legislativas que son clave para hacer frente a la crisis de desconfianza hacia la eurozona. Chipre sustituye a Dinamarca, que se ha distinguido precisamente por la eficacia de su mandato semestral europeo. Chipre cuenta con unos 830.000 habitantes y su economía sólo representa el 0,14% del producto interior bruto (PIB) del conjunto de la UE.  

La falta de credibilidad política y la debilidad económica de Chipre constituyen un grave obstáculo para la gestión europea, según han reconocido fuentes diplomáticas. Ésta es la primera vez que un estado que ha pedido el rescate asume la gestión de la UE, con las implicaciones que conlleva que sea un gobierno que ha fracasado económicamente en su país quien dirija precisamente los asuntos europeos.

El propio Gobierno chipriota ha rebajado ya las expectativas de su gestión europea. «Los temas son muy complicados. Vamos a ver qué es posible hacer teniendo en cuenta las dificultades», señaló el viceministro de Asuntos Europeos, Andreas Mavroyiannis, al presentar las prioridades chipriotas para el semestre en Bruselas.

Chipre anunció que aspira a impulsar las negociaciones sobre el marco presupuestario de la UE para el periodo 2014-2020, los dos reglamentos que faltan del sistema de gobierno económico, la nueva legislación europea para crear una unión bancaria, la creación de empleo y la mejora de las relaciones con los países vecinos mediterráneos.

El semestre chipriota también tensará aún más las ya conflictivas relaciones con Turquía e impedirá en la práctica un avance en las negociaciones de adhesión de Ankara a la UE. El Gobierno turco ha anunciado que congelará cualquier relación con la UE durante este semestre que tenga pasar por el gobierno chipriota como represalia por la falta de interés de Nicosia en la reunificación de la isla y en la integración de la comunidad turcochipriota del norte de la isla.

Desde el primer día de su mandato, Chipre también parece decidido a intensificar el enfrentamiento con Ankara, ya que en la primera intervención oficial en nombre de la UE, Mavroyiannis acusó al Gobierno turco de “instrumentalizar” la crisis siria para favorecer “su agenda islámica” y expresó su “inquietud” por la actuación de Turquía.
         
La situación es especialmente compleja porque, en paralelo a la petición de ayuda a la UE, Chipre intenta obtener un préstamo financiero alternativo de Rusia o de China para que el Gobierno no quede sometido a las estrictas contrapartidas europeas para la concesión de ayuda. «Es normal que un gobierno intente buscar un préstamo alternativo para no tener que cumplir condiciones estrictas», argumentó Mavroyiannis, en relación a los ajustes y reformas que impondrá la UE por su ayuda. 
         
Chipre ya recurrió el año pasado a Rusia para obtener un préstamo de 2.500 millones de euros que ha evitado hasta ahora la quiebra del país y de su sector bancario. Chipre necesitará ahora una ayuda mínima de 10.000 millones para sanear su banca y evitar la suspensión de pagos del país, según las estimaciones de los expertos. La troika formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó el pasado 2 de julio a Nicosia para analizar la situación.
         
Chipre constituye en la práctica un paraíso fiscal y la punta de lanza de la penetración financiera rusa en la UE, tiene el impuesto de sociedades más bajo de los Veintisiete (10%) y sus bancos históricamente se han caracterizado por ser poco estrictos sobre la procedencia de los fondos de sus clientes.

Merkel mantiene el control pese a su falsa derrota en la cumbre


La cancillera alemana, Angela Merkel, con la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt


Los acuerdos de la cumbre europea suponen un balón de oxígeno para España e Italia, pero la flexibilización del fondo de rescate no va tan lejos como deseaba el primer ministro italiano, Mario Monti en las intervenciones en apoyo de la deuda pública de países acosados, ni tan rápido como le hubiera gustado al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, en la recapitalización directa de los bancos en crisis.
         
A pesar de que Italia y España se apuntaron un tanto y de que el presidente francés, François Hollande, pudo alardear de impulsar un giro en Europa al haber logrado que la cancillera alemana, Angela Merkel, flexibilizara sus posturas, un análisis detallado de los acuerdos muestra que la derrota alemana es más aparente que real.
         
Merkel cedió en las posiciones que se habían vuelto insostenibles, especialmente después de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) apoyara públicamente la recapitalización directa con fondos europeos de los bancos en apuros y pidiera un cortafuegos financiero más eficaz para la crisis de la deuda de la eurozona.
         
Pero Merkel mantuvo el poder de veto y el control esencial sobre cuándo, cómo y de qué manera se utiliza el fondo de rescate, que está financiado principalmente por los contribuyentes alemanes.

«Toda prestación tiene su contraprestación. Toda ayuda estará sometida a condiciones y control», subrayó Merkel al acabar la cumbre y el texto del acuerdo lo confirma plenamente.

Además de mantener el control sobre el uso de un fondo de rescate, Merkel logró que los demás líderes de la eurozona aceptaran sin rechistar la instauración de un sistema europeo de supervisión bancaria dirigido por el Banco Central Europeo (BCE), que era una antigua reivindicación alemana.
         
Merkel también consiguió de forma discreta que Hollande aceptara ratificar sin cambios el tratado de rigor fiscal, que establece un estricto control del déficit y los presupuestos nacionales, y que el líder socialista había criticado duramente durante la campaña electoral. Sólo le costó a Merkel el módico precio de respaldar un plan de crecimiento con una inversión sobre el papel de 120.000 millones, que no incluye dinero público fresco, y que además le garantizaba el respaldo de la oposición socialdemócrata alemana a la ratificación del tratado fiscal y del Mecanismo Europeo de Estabilidad.

         
La vaciedad del plan de crecimiento es el principal fracaso de la cumbre, ya que se limita a enumerar las habituales recetas de reformas y basa el estímulo de la inversión en créditos y fondos ya presupuestados. La debilidad del crecimiento es precisamente uno de los factores que agrava la actual crisis de la eurozona.
         
A pesar de los avances logrados en la cumbre, el retraso de España en acabar de concretar el saneamiento del sector financiero y el fracaso del Gobierno de Mariano Rajoy en controlar el déficit público pueden desatar nuevas tensiones en los mercados.

Monti transforma la eurozona en tripolar


El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y el primer ministro italiano, Mario Monti



Las fisuras abiertas en el hasta hace poco monolítico eje franco-alemán han permitido al atípico primer ministro italiano, Mario Monti, tomar la iniciativa en la dirección de los asuntos europeos y han abierto una nueva etapa de eurozona tripolar en la cumbre europea concluida el pasado 29 de junio.

Si la cumbre de la eurozona de mayo supuso el fin del rodillo Merkozy, por la salida de escena del anterior presidente francés, Nicolas Sarkozy, esta nueva cumbre ha entronizado al respetado Monti como uno de los actores clave de la eurozona.

Monti demostró durante la reunión haberse independizado totalmente de la antigua tutela franco-alemana, que le había colocado en el puesto del denostado anterior primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, sin pasar por unas elecciones generales.

Apoyándose en la complicidad del presidente francés, François Hollande, Monti fue el gran protagonista del Consejo Europeo, acompañado silenciosamente en la sombra por el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.
         
En los envites de la cumbre, Monti jugó a fondo y con éxito su baza de ser considerado la única personalidad capaz de encauzar Italia por una senda de dolorosas reformas que eviten el colapso financiero de un país cuya deuda pública representa el 23% de la deuda total de la eurozona y cuya caída comprometería gravemente el proyecto de integración europeo.

Para lograr el objetivo de flexibilizar el uso de fondo de rescate para apoyar la deuda de países en apuros, Monti amenazó con dimitir y bloqueó la aprobación del plan europeo de crecimiento, que a pesar de su carácter testimonial constituía una pieza indispensable para la cancillera alemana, Angela Merkel, para lograr la aprobación en el parlamento alemán del Mecanismo Europeo de Estabilidad y para lograr que Francia ratificara el Tratado de rigor fiscal, que el nuevo presidente francés, François Hollande, había criticado duramente a lo largo de la campaña electoral.

Pero la misma posición política atípica de Monti puede que limite temporalmente su influencia en los asuntos europeos y la nueva eurozona tripolar, ya que Italia se encamina hacia unas elecciones generales como muy tarde en la primavera del 2013 y el antiguo comisario europeo no parece inclinado a seguir en la liza.


El Gobierno transmite desamparo en lugar de confianza


El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.


El Gobierno de Mariano Rajoy transmite desamparo, en lugar de confianza como debería, con sus sucesivas peticiones públicas de respaldo de la eurozona y del Banco Central Europeo (BCE). Estas peticiones, que el propio Rajoy y el ministro de Economía, Luis de Guindos, multiplican en las últimas semanas, acentúan la impresión de que el país está en dificultades quizá mayores de las que perciben los mercados financieros y contribuyen a mantener vivas las dudas sobre la solvencia financiera de España.

Las reiteradas peticiones públicas de Rajoy al BCE para que intervenga en los mercados financieros en apoyo de la maltrecha deuda pública española corren el riesgo de provocar precisamente el efecto contrario. Cuanto más insistentes sean las peticiones, más inclinado se sentirá el BCE a no intervenir para demostrar que mantiene su sacrosanta independencia de las autoridades políticas europeas.

El BCE además ha suspendido desde hace más de diez semanas su programa de intervención selectiva en el mercado secundario en apoyo de la deuda de los países acosados para forzar a esos países, y en especial a España, a adoptar las indispensables reformas pendientes y en particular el saneamiento definitivo del sector financiero español y el enderezamiento de las descontroladas cuentas públicas autonómicas.

España se encuentra en una situación de profunda debilidad política frente a sus socios de la eurozona, porque cuatro años después del inicio de la crisis financiera el sector bancario español dista aún de estar saneado, la crisis se ha cobrado una nueva entidad clave como Bankia y los directivos bancarios siguen ocultando en sus balances voluminosas pérdidas encubiertas de los activos del sector inmobiliario y de los créditos refinanciados a las grandes compañías inmobiliarias.

La fragilidad del sector financiero español y los riesgos de inestabilidad y desconfianza que genera al conjunto de la eurozona son precisamente una de las principales preocupaciones del BCE en estos momentos.

El golpe de gracia a la credibilidad del Gobierno de Rajoy hay sido la súbita aparición de otros 0,4 puntos de déficit público ocultados por tres comunidades autónomas gobernadas por el PP en el 2011, que han elevado el déficit público al 8,9% del producto interior bruto (PIB).

El Gobierno tampoco acaba de convencer a la Comisión Europea por sus cálculos optimistas en la recaudación prevista en el presupuesto del 2012, la subvaloración del gasto real de la Seguridad Social durante este año pese al nuevo disparo del desempleo y la poca concreción en el programa de estabilidad respecto a las medidas que se adoptarán en el 2013 para rebajar el déficit al 3%,

En este contexto, cada nueva petición pública de respaldo que formula el Gobierno a la eurozona y al BCE se convierte en una confesión pública de la propia debilidad y fragilidad de España y una invitación a los especuladores financieros a acentuar su acoso a la deuda pública y a las acciones de las entidades financieras.

El Gobierno de Rajoy no entiende la UE


El primer ministro belga, Elio di Rupo, con Mariano Rajoy en una cumbre europea


El Gobierno presidido por Mariano Rajoy parece no comprender muy bien como funciona la Unión Europea (UE). Primero fue su pésima estrategia de enfrentamiento con la Comisión Europea y la sus socios en la eurozona para suavizar el objetivo de déficit público para este año, que ha reducido sustancialmente la credibilidad de España. Ahora ha sido su pretensión de modificar drásticamente la red transeuropea de transportes, negociada durante dos por la Comisión Europea con cada uno de los gobiernos de los 27 países de la UE, como si los compromisos adquiridos previamente por el Estado español con la UE y sus demás socios perdieran validez por el simple cambio de Gobierno tras las elecciones.

La estrategia seguida por Rajoy y su ministro de Economía, Luís de Guindos, con el déficit público podría costar a España la pérdida del puesto permanente en el comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE) cuando expire a finales de mayo el mandato de José Manuel González Páramo.

La pérdida de este puesto la cúpula del BCE, que le ha correspondido tradicionalmente como uno de los cuatro grandes países de la zona euro, supondría el reconocimiento público de que España se ha convertido en un país política y económicamente de segunda división. Finlandia, Holanda y Luxemburgo están en contra de nombrar a otro español para el puesto y Alemania no ha dado hasta ahora la más mínima señal de respaldo a España en esta cuestión.

Rajoy y De Guindos, en lugar de negociar abiertamente una flexibilización del objetivo del déficit público para este año con la Comisión Europea y sus socios, prefirieron repetir hasta la saciedad declaraciones públicas huecas reafirmando su voluntad de respetar unos compromisos, cuando en realidad pensaban saltarse esos mismos compromisos unilateralmente, como si desconocieran las claras disposiciones de las nuevas normas endurecidas del pacto de estabilidad y de gobierno económico europeo.

El Eurogrupo obligó el pasado 12 de marzo al Gobierno español a corregir el objetivo de déficit que había fijado unilateralmente para este año: el 5,3%, del producto interior bruto (PIB), en lugar del 5,8%. El Gobierno presentó como una victoria esa derrota política, porque había logrado una flexibilización y que no se le exigiera cumplir el objetivo inicial del 4,4%.

Pero a causa de esa política de falsas declaraciones y desafíos nacionalistas el Gobierno se ha dejado por el camino la credibilidad tan duramente conseguida por España en los últimos años y esa pérdida de credibilidad precisamente podría costar el puesto español en la cúpula del BCE.

Uno de los mayores críticos a la estrategia del Gobierno de Rajoy ha sido el presidente del BCE, Mario Draghi, de cuya buena voluntad depende la intervención de la institución en el mercado secundario de deuda pública si se produjeran nuevos asaltos especulativos contra la deuda española. Esa misma estrategia nefasta ha frenado la reducción de tipos de interés de que se beneficiaba España en los mercados internacionales y ha vuelto a disparar al alza los tipos de la deuda a diez años, muy por encima de la deuda italiana, colocando a España en la primera línea de peligro de nuevos ataques especulativos.

La fijación del objetivo de déficit al 5,3% para este año tampoco ha resuelto los problemas de España en el saneamiento de sus cuentas públicas. Primero, porque la Comisión Europea sigue sin estar muy satisfecha de las explicaciones dadas sobre el incomprensible desvío en prácticamente un solo mes del déficit del 2011 del estimado 6%-7% al 8,5%. Segundo, porque el Gobierno se ha negado a revelar debido a las elecciones andaluzas cómo piensa rebajar el déficit este año del 8,5% al 5,3% y a continuación al 3% en el 2013. Y tercero, porque la Comisión Europea mantiene abierta su amenaza de amonestar y sancionar a España por no haber cumplido sus obligaciones de reducir el déficit público al ritmo pactado si los planes de ajuste previstos en los presupuestos del 2012 y en el programa de estabilidad para el 2013 no le parecen suficientes y adecuados.

Y con las redes transeuropeas ha vuelto a repetirse la misma situación de que por motivos puramente de política interna, ni siquiera económicos, el Gobierno olvida como funciona la UE y sufre una importante derrota política al quedar aislado en el Consejo de Ministros europeo a causa de unas demandas imposibles de asumir.

La pretensión de la ministra de Fomento, Ana Pastor, de modificar sustancialmente una red pactada previamente con la inclusión del corredor ferroviario central a través del Pirineo, que no cuenta con el respaldo indispensable de Francia para llevarlo a cabo, supone un derroche inútil de energía, medios y del propio caudal político y credibilidad de España en la UE.

El empecinamiento del Gobierno de Rajoy en esa opción actualmente imposible del túnel pirenaico corre el riesgo de que no se preste la suficiente atención, diligencia y esfuerzo económico a los dos corredores sí aprobados, el mediterráneo y el atlántico, que son cruciales para el desarrollo económico futuro de España.

Merkel impone un euro “alemán” sin asumir ninguna contrapartida


Angela Merkel, y Nicolas Sarkozy en la cumbre de la UE


La cancillera alemana, Angela Merkel, consiguió su objetivo en la cumbre de la Unión Europea (UE) del pasado 8 y 9 de diciembre de imponer su modelo de rigor y disciplina presupuestaria al conjunto de una eurozona debilitada sin comprometerse prácticamente a nada a cambio. Merkel fue la vencedora política indiscutible de la tormentosa reunión europea en Bruselas, mientras que el primer ministro británico, David Cameron, fue el perdedor más absoluto.
         
Merkel está convencida que la mera virtud, una aplicación escrupulosa del rigor presupuestario, será suficiente por sí sola para recuperar la confianza de los mercados financieros en la deuda pública.

La cancillera se negó de forma inflexible a lo largo de las maratonianas negociaciones a que el pacto fiscal del euro incluyera ninguna medida adicional de solidaridad, como un incremento de la potencia de fuego financiera del fondo de rescate contra los especuladores o la simple mención de la posibilidad de crear a largo plazo eurobonos en una eurozona de cuentas públicas saneadas y virtuosas.

La ausencia de una estrategia para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo en una eurozona al borde de la recesión es otro elemento distintivo y preocupante de la cumbre.
         
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, coimpulsor de la iniciativa, actuó una vez más como acompañante. Su único éxito fue convencer a Merkel de que rectificara y abandonara su doctrina de que la banca y los inversores deberían también contribuir en el futuro a sufragar el coste del eventual rescate de un país en apuros.
         
Esta exigencia de Merkel formulada hace un año en la cumbre franco-alemana de Deauville ha sido la responsable del contagio de la crisis griega a Italia y España, como ya había advertido que ocurriría el Banco Central Europeo (BCE), y ha salido muy cara a ambos países y al conjunto de la eurozona.
         
El aumento del fondo de rescate o su financiación a través del BCE y algún tipo de mutualización de la deuda pública, defendidos por Sarkozy, el presidente de la UE, Herman Van Rompuy, España y numerosos países no prosperaron y fueron bloqueados por Merkel.
         
El pacto fiscal del euro representa un paso adelante muy importante hacia la integración económica y política de la eurozona, pero dado el comportamiento de las agencias de  calificación y la irracionalidad que domina los mercados puede resultar insuficiente para resolver la crisis y restablecer la confianza en la deuda pública europea.
         
La otra dificultad que deberá superar el pacto fiscal del euro es el traslado de su contenido a los artículos de un tratado y su encaje con el marco institucional ya existente en la UE. La experiencia ha demostrado que esa tarea puede degenerar en complejas discusiones entre los países por el redactado de cada línea.


Almunia: “Nadie saldrá de la crisis del euro a costa de los demás”


Comisario europeo Joaquín Almunia


Texto íntegro de la entrevista con el comisario europeo Joaquín Almunia sobre la crisis de la zona euro. Una versión más reducida fue publicada por EL PERIÓDICO el pasado 5 de diciembre

El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, destacó en una entrevista a EL PERIÓDICO que «los mercados están pidiendo más integración política y económica a la zona euro» y que la eurozona debe encaminarse hacia “una unión fiscal, con un tesoro único y una agencia de deuda común”. Almunia señaló que sólo así se podrá «recuperar soberanía y autonomía» frente a los especuladores. El comisario asimismo subrayó que «nadie va a salir de esta crisis a costa de los demás» y que sería inviable «una zona euro a dos velocidades», con países de primera y de segunda.

--¿Qué ha fallado en la zona euro para encontrarse a merced del acoso de los mercados?

--Había economías de países pertenecientes a la zona euro que venían acumulando graves desequilibrios, que se han convertido en insostenibles a raíz de la crisis financiera. No todos son de la misma naturaleza. Grecia ha acumulando una enorme deuda pública. Italia también tiene un problema de deuda pública, claramente menor que el de Grecia, pero a su vez Italia viene acusando durante toda la pasada década de una bajísima capacidad de crecimiento. Irlanda ha tenido un sistema bancario totalmente exagerado vinculado a la burbuja inmobiliaria. Portugal tiene una mezcla de todos los problemas: tiene bajo crecimiento, demasiada deuda, exceso de gasto público y poca inversión y poca iniciativa privada. España ha venido acumulando un nivel de endeudamiento privado muy elevado también en relación con la burbuja inmobiliaria… etc. La gravedad de los problemas es muy diferente. No se puede comparar el caso griego con el caso español. La integración económica y monetaria ha acentuado el contagio y los países con mayores problemas, aunque tengan un tamaño económico pequeño, están contagiando a los grandes. Y a su vez los problemas de la zona euro se contagian al resto del mundo.

--¿No ha fallado la estructura misma de la zona euro que nos ha dejado desarmados frente a una crisis como la actual?

--Ha fallado en términos políticos y en términos de funcionamiento de los mecanismos de gobierno de la zona euro. Ha faltado previsión, vigilancia y disciplina, porque cuando se detectaban los problemas no había capacidad de corregirlos de forma eficaz. Además ha habido Había el malísimo ejemplo del precedente de que los países más grandes y más poderosos, Francia y Alemania, fueron los primeros en romper las reglas del pacto de estabilidad en el 2003.

--¿No faltaba una estructura política que reforzara la unión monetaria?

-- Tenemos un magnífico instrumento que es el BCE, que es un banco independiente, único para el conjunto de la zona euro, que ha ganado reputación y prestigio, no sólo antes de la crisis, sino durante la crisis. Pero junto al BCE nos hubiera gustado tener otros instrumentos, como por ejemplo, una agencia de deuda capaz de emitir de deuda pública en nombre de todos los países de la zona euro y no la tenemos, nos hubiese gustado tener una capacidad de decidir en común e imponer la aplicación leal y eficaz de las decisiones adoptadas. Estamos en la necesidad, en la obligación de definir los siguientes pasos de la integración económica, hacia la creación de una unión fiscal, de un tesoro único y hacia una mayor integración política.

--¿Cuáles son las decisiones más urgentes que hay que adoptar?

--Hay decisiones que debían haber sido tomadas ya, pero que espero que se tomen de aquí a la cumbre del día 9 de diciembre. Por ejemplo, sentar las bases para que Grecia disponga de un nuevo programa de financiación para los próximos años, porque Grecia no puede salir adelante solo con sus propios recursos. Segundo, hace falta también tomar decisiones urgentes para apoyar la confianza y la credibilidad de la deuda pública de todos los países de la zona euro. Tenemos el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, creado el año pasado, pero tiene que ser más operativo, más flexible y más creíble en cuanto a su capacidad de protegernos frente al contagio, frente a nuevas turbulencias en los mercados. Se han tomado decisiones, pero no se están aplicando todavía y aún no se ha tomado en todos sus aspectos la decisión de aumentar el tamaño, la credibilidad y la potencia de fuego de ese instrumento financiero. Tercero, tenemos que tomar decisiones para que la crisis de la deuda pública  no contagie al sistema financiero. Estamos hablando las condiciones de financiación de la banca y estamos discutiendo las condiciones y los plazos para mejorar la solvencia de las entidades financieras a través de una recapitalización. Hay mucha tarea por delante, para los próximos días, semanas y meses. A esta tarea hay que sumar los ajustes duros e imprescindibles que deben desarrollar los países con mayores desequilibrios y sometidos a mayor presión.

--¿Y a nivel de reforzamiento de la integración de la zona euro?

--Hay que poner en marcha nuevos modos e instrumentos de integración. En muchos casos, se puede conseguir sobre la base del actual tratado y la Comisión Europea aprobó ya el 23 de noviembre dos reglamentos para reforzar la supervisión y la eficacia del control de las políticas económicas y presupuestarias, que ahora serán discutidas por el Consejo de Ministros de la UE y el Parlamento Europeo. Pero hay países que pretenden ir más allá y proponen discutir nuevos cambios en el tratado, no un nuevo tratado para que tengamos apoyo jurídico para que podamos llegar hasta donde es necesario llegar.
  
--¿Serán suficientes para reinvertir el actual acoso y desconfianza de los mercados?

--Lo que va a calmar a los mercados no es una medida parcial, ni mucho menos una declaración o una reunión. Lo que los mercados están pidiéndonos a los gobiernos nacionales y a los responsables europeos es que tengamos una mayor capacidad de decisión en común, por lo tanto nos están pidiendo más integración, más integración económica y más integración política. Sólo saldremos de verdad de una situación de crisis tan seria como ésta a base más integración, a base de más capacidad para tomar decisiones entre todos y responsabilizarnos cada uno de la aplicación de las medidas que nos correspondan y dando cuenta al resto de nuestros socios y a las instituciones europeas en común. Por lo tanto, hay urgencia de compartir más soberanía a nivel de la zona euro. Parte de las decisiones que históricamente han correspondido durante siglos a cada uno de los estados-nación hoy tenemos que ser consciente que sólo serán eficaces y sólo producirán los resultados deseados si las tomamos en común. Nadie va a salir de esta crisis a costa de los demás. Sólo podremos superar esta crisis actuando juntos, de manera coordinada, con objetivos comunes y con un reparto de tareas pactado entre todos.

--¿Hasta donde tiene que llegar esta integración política en la zona euro para que funcione?

--Hasta donde sea necesario. Hay que acompañar ese proceso de integración monetaria con la integración de determinadas decisiones de política económica que tradicionalmente recaían en la soberanía nacional. Hoy en día no es imaginable dentro de la zona euro que un país pueda decidir qué presupuesto hace para los próximos años sin acomodarse o sin encajar sus prioridades en las prioridades comunes y sin discutir con sus socios alrededor de una mesa sus opciones presupuestarias y todas las decisiones políticas implícitas en ese presupuesto.

--¿También las políticas económicas deben coordinarse o ponerse en común?

--Por supuesto. No todas requieren el mismo grado de coordinación o integración, pero hay muchas políticas que sí lo requieren. Eso no hay que interpretarlo desde el punto de vista de la menor capacidad de decisión nacional en cada uno de los países. Hay que interpretarlo como la mejor manera de aumentar la eficacia de nuestras decisiones. Hace 50 años era muy eficaz tomar decisiones en un solo país. Las economías estaban más cerradas, los mercados financieros mucho menos integrados, los intercambios económicos y los flujos de inversión mucho menores, la capacidad de conexión de nuestras economías era muy baja, y por tanto, el ámbito más relevante para las decisiones económicos eran los estados. Hoy en día esto no es así. Es imprescindible adoptar las decisiones a nivel de la zona euro para recuperar nuestra capacidad de decisión, para que no sean precisamente los mercados los que nos impongan sus orientaciones, sus prioridades. Es imprescindible para recuperar soberanía y autonomía frente a los mercados.

--¿Llevamos casi dos años de crisis de la deuda pública europea no va todo el proceso demasiado lento?

--Sin duda hay decisiones que debían haberse tomado antes. En esta crisis hemos aprendido muchas cosas, una de ellas es que no sirve de nada retrasar las decisiones que son imprescindibles, inexorables. Cada mes de retraso suponen más dificultades después para poderlas aplicar y más costes para poder financiar su aplicación. Ahora, dicho esto, hay que mirar con una cierta perspectiva donde estábamos hace tres años en materia de integración y donde estamos ya ahora y todo lo que hemos avanzado, incluso teniendo en cuenta todos lo que nos queda por hacer. Hoy tenemos ya unos instrumentos para tomar decisiones en común, para vigilar la ejecución de las decisiones, para supervisar al sistema financiero…

--¿El hecho de que sean Alemania y Francia quienes estén dirigiendo estos cambios no crea una situación de directorio de facto franco-alemán de la zona euro?

--La dirección real de las decisiones que se están tomando la estamos dando en las instituciones europeas. Ninguna legislación, ninguna regulación europea se puede llegar a discutir siquiera si previamente la Comisión Europea no ha tomado la decisión de presentar la propuesta correspondiente. Una vez que la Comisión Europea presenta sus propuestas legislativas de regulación financiera o de coordinación económica y presupuestaria, esas propuestas se debaten por el Consejo de Ministros de la UE, por 27 o en algunos casos por los 17 estados que forman la zona euro y por el Parlamento Europeo. Dicho esto, hay una evidencia obvia desde el principio de la integración europea es que si Francia y Alemania no están de acuerdo Europa no avanza, porque esos dos países ocupan un lugar central. Y como saben que discrepando uno frente a otro, nadie es capaz de avanzar, a veces ha dado la impresión que son ellos quienes en sus reuniones tienen la sartén por el mango, pero mirando más de cerca las cosas, se ve que no es así.

--Pero las propias propuestas que formula la Comisión Europea, como los reglamentos de control reforzado de los países, responden prácticamente a los planteamientos que formulados previamente por Berlín y París?

--En el análisis que hicimos a final del 2008 de los diez primeros años de la unión económica y monetaria está ya apuntado todo lo que necesita para acabar siendo un conjunto coherente. Es verdad que la crisis ha obligado a acelerar los calendarios y es verdad que en algunas reuniones, como la que dio lugar al famoso pacto del euro plus, que ideas de Francia y Alemania han marcado orientaciones. Pero también es verdad que estas ideas sólo se pueden poner en práctica de forma eficaz a través del método comunitario: iniciativa de la Comisión Europea y aprobación por el Consejo de Ministros de la UE y por el Parlamento Europeo. Otra más de las enseñanzas de la crisis es que si no actuamos conforme al método comunitario perdemos tiempo, malgastamos esfuerzos y sobre todo no somos eficaces, no somos capaces de resolver los problemas.

--¿Es posible y viable una eurozona con dos velocidades, con unos países dentro del euro más integrados que otros?  

--La moneda única no es compatible con una zona euro de dos velocidades. Ni desde el punto de vista económico, ni mucho menos desde el punto de vista político. Todos los países que comparten la misma moneda tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones, deben estar sujetos a las mismas reglas y participar en pié de igualdad en las instituciones de la Unión económica y Monetaria.

--¿La crisis no muestra que el BCE debería adoptar un papel más cercano al que tiene el Banco de Inglaterra, la Reserva Federal o al Banco de Japón para combatir con eficacia los ataques especulativos contra la deuda pública?

--La tarea que ha llevado a cabo el BCE ha sido impresionante. Y los observadores objetivos, cuando analizan como han actuado los diferentes bancos centrales en esta crisis, todos ponen en un lugar muy, muy preferente, y muchos de ellos en primer lugar, la responsabilidad, la calidad, y la eficacia del BCE. Dicho esto, también es obvio que el BCE, no es un banco central como los demás, no es un banco central de un solo país, ni tiene como interlocutor en la esfera política a un solo gobierno. Por lo tanto, hay cosas que el BCE no puede hacer porque no tienen mandato para hacerlo en el tratado, pero tampoco sería oportuno, ni eficaz que lo hiciese, porque dirigir la política monetaria para 17 países es muy complicado y tiene que encontrar sus limitaciones. Pero cuando el sistema financiero, los mercados financieros y el sistema bancario europeo, han necesitado liquidez, el BCE no ha tenido ningún temor de proporcionar liquidez de manera ilimitada y a un coste muy bajo. Por tanto, el BCE en relación con los bancos, con las entidades financieras, está cumpliendo su papel desde el origen de la crisis.

--Pero en cambio su capacidad de actuación para proteger la deuda pública es muy limitada en comparación a los otros bancos centrales de las otras divisas.

--El BCE incluso ha ido más allá de su mandato y, en momentos en que la crisis de la deuda pública ha creado problemas muy serios, ha ido al mercado secundario de deuda a comprar deuda pública para aliviar esas tensiones. El BCE tiene que mantenerse en su papel. Es verdad que no se va a quedar de brazos cruzados si ve que el resto de responsables económicos y financieros no cumplen con su papel. Pero no es bueno que el BCE se vea obligado a llegar hasta el límite de sus capacidades de actuación. Es mucho mejor que los gobiernos de los países de la zona euro sean capaces de poner en práctica decisiones, instrumentos financieros y políticas coordinadas para evitar llegar a estas situaciones límite.

--¿Qué la zona euro intente recurrir a inversores extranjeros para reforzar su fondo de rescate no muestra una debilidad política y económica?

--Vivimos en una economía global y los mercados financieros están totalmente integrados a ese nivel. EEUU lleva años financiando sus necesidades de ahorro para cubrir su déficit público y su déficit exterior principalmente a través de China y Japón.

--No es tanto que los inversores extranjeros compren deuda pública europea, como el pedir a esos extranjeros que financien el fondo de rescate europeo.

--Una operación de rescate, como por ejemplo, dotar de más recursos al fondo europeo de estabilidad, es para apoyar la deuda pública de los países o para aumentar la capacidad de los tesoros a pesar de las dificultades de financiación para no tener que pagar unos costes inadmisibles.

--No es una debilidad del eurozona

--Lo que me parece una debilidad es no ser capaz de resolver los desequilibrios sin necesidad de tener que pedir prestado.

--Varios premios Nobel de economía consideran que las políticas de austeridad a ultranza que se aplica en la UE agravará la crisis económica.

--Una cosa es pedir una mayor integración de las decisiones y una puesta en común de las responsabilidades, que es imprescindible, y otra  cosa distinta es decir que todos tienen que seguir está determinada línea política. La situación económica de los países europeos es diferente. La posición de Alemania es distinta de la de Italia; la de Irlanda, diferente de la de Grecia; la de Suecia, distinta de la de España. Hay países, pocos, que no han tenido déficits superiores al 3% ni siquiera en los peores momentos de la crisis. Y hay países que tenían niveles de deuda pública ya insostenibles antes del inicio de la crisis. Por tanto, el país con un nivel de deuda no sostenible, lo primero que tiene hacer si quiere enderezar su economía es consolidar sus cuentas públicas y aplicar una estrategia que no es de meses sino de años para volver a situar sus niveles de endeudamiento en parámetros sostenibles. Hay otros países que no tienen ese problema o no es tan urgente y puede combinar mejor una política de sostenimiento de la demanda a corto plazo con medidas que permitan afrontar una consolidación fiscal y permitan mantener la deuda bajo control a medio y largo plazo. En la zona euro tenemos de los dos casos. Decirle hoy a Grecia, Italia, Irlanda o Portugal, que no tiene que seguir haciendo ajuste fiscal es el peor consejo que se puede dar a un país que no tiene en estos momentos acceso a los mercados, que no le prestan, porque los mercados le consideran insolvente o casi insolvente. Mientras que países que no tienen esos problemas, pero que más bien tienen un exceso de ahorro se les debe pedir que animen su economía y consuman más, ahorren menos o gasten más, porque esto no sólo es va a beneficiar en su crecimiento interno nacional sino que ayudará a todos a mantener una mezcla de políticas económicas coherentes. 

--Tres años después de inicio de la crisis financiera, la banca europea sigue estando bajo sospecha. ¿Qué ha fallado?

--No todos están en la misma situación, pero es verdad que como consecuencia de los problemas de la deuda pública se han vuelto a reproducir tensiones en la liquidez de algunos bancos, bancos perfectamente solventes, perfectamente capitalizados, han vuelto a sufrir problemas de liquidez como consecuencia del contagio al mercado interbancario de la crisis de la deuda pública, y en la medida que los problemas de liquidez y las tensiones de financiación no se resuelven pues esa impacto puede llegar a convertirse de nuevo en un problema de solvencia. Creo que, si conseguimos calmar al mercado de la deuda pública y conseguimos serenar la actitud de los inversores respecto de la deuda pública de la zona euro, las tensiones en el mercado interbancario, en la financiación de la banca remitirán, porque a lo largo de la crisis se han hecho esfuerzos de reestructuración de los balances de los bancos muy importantes. No digo que todos lo hayan hecho en la misma dimensión, pero hay muchos bancos que han mejorado estructuralmente gracias a las políticas, a las medidas duras a veces, que se han visto obligados a adoptar a lo largo de la crisis.

--No hay riesgo de que sigan teniendo ocultos carteras importantes de productos financieros poco solventes

--Quedan reestructuraciones en marcha, No todas han culminado. Queda ahora un proceso no sólo de mejora de la liquidez y de las condiciones de financiación de la banca, sino también de recapitalización de muchos bancos, porque hay que exigirles que refuercen su solvencia y sus balances. Pero sinceramente creo ya conocemos prácticamente todo de lo que hay en el balance de los bancos.

--¿España corre el riesgo de acabar bajo tutela europea Italia?

--Todo depende de nosotros, de las autoridades españolas, del nuevo Gobierno, de las fuerzas políticas, de las instituciones, de la sociedad española. También son importantes las actitudes que adopten los agentes económicos y sociales. Nadie nos va a regalar nada. Pero tampoco nadie nos va a condenar de antemano. Dependemos de nosotros mismos. Eso sí sabiendo que vivimos en un espacio europeo integrado. Tenemos muchísimas oportunidades para no ser victimas de nuestros propios errores,  lo que hay que hacer es aprovechar esas oportunidades y no pensar que alguien desde fuera nos va a sacar gratis las castañas del fuego.

--¿Cuáles deben ser las tareas prioritarias del nuevo Gobierno español?

--Los españoles le han dado una confianza muy grande a quienes van a gobernar. No creo que deba dar consejos. El Gobierno saliente y quienes van a formar el futuro gobierno saben perfectamente cuales son los problemas. Ahora  el nuevo Gobierno debe decir cuanto antes con claridad como va afrontar los problemas.

--¿El nuevo Gobierno deberá seguir las mismas políticas que el saliente o dispondrá de algún margen de maniobra?

--Desde mayo del 2010, el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero ha recuperado mucha confianza y mucho crédito para España en Europa y entre los agentes económicos por las decisiones valientes y difíciles que ha tomado. Le corresponde al nuevo Gobierno decir si va a seguir aplicando las mismas políticas y cuáles son sus nuevas orientaciones. Por ello, lo que todo el mundo quiere saber es en qué consisten, cuáles van a ser las reformas, las políticas y las medidas que va a adoptar.

--¿Dispondrá el nuevo Gobierno de un margen de tiempo para actuar o los mercados no le darán tregua?

--En estos momentos tan difíciles que estamos viviendo, el tiempo se mide en segundos, no se mide en semanas, ni en meses. No hay un segundo que perder.

--¿Cuáles son los puntos fuertes de la economía española sobre los que puede apoyarse una recuperación y una salida de la crisis?

--Aunque la economía española está sometida a un proceso de ajuste, vemos que hay sectores orientados hacia la exportación, que han conseguido ganar cuotas de mercado y que se han comportado de forma muy positiva, en algunos casos sólo comparable a como se han comportado las exportaciones alemanas. Creo que la economía española tiene emprendedores que han demostrado en muchas ocasiones ya que son capaces de asumir riesgos y de innovar. Tenemos grandes historias de éxito en la economía española en los últimos 25 años.

--Pero la tasa de paro juvenil supera el 48%.

--Tenemos una juventud desgraciadamente con unos niveles de paro muy alto, pero con un bagaje educativo y una formación como nunca ha tenido España. Tenemos un país con una población que ha crecido. Tenemos un país joven que ha demostrado  en muchas ocasiones que es una sociedad que no tiene miedo al cambio, que sabe afrontar el futuro con ilusión, con ambición, con imaginación. Veo muchas más rigideces mentales y muchas más resistencias al cambio en otros muchos países europeos. Creo que España es un país dinámico, con más ganas de avanzar hacia el futuro que otros muchos. Hay muchos elementos positivos. Lo que hay que hacer es organizarlos de manera coherente y plantear las políticas que pueden sacar el máximo rendimiento más a nuestros activos y puntos fuertes.



  


¿Hasta dónde llegará la unión fiscal de la eurozona?


Sede de la Comisión Europea en Bruselas con la badera de la UE


La eurozona prepara contrarreloj su refundación en la cumbre europea del 8 y 9 de diciembre para corregir sus debilidades políticas iniciales que han facilitado la crisis actual y derrotar la especulación financiera contra la deuda pública europea.

La semana que va a cambiar Europa con un salto hacia una mayor integración política arranca con una reunión en París el 5 de diciembre de la cancillera alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Los dos líderes intentarán superar las diferencias que les separan y sentar las bases de una unión fiscal entre los 17 países del euro, que supondrá una supervisión en común de los presupuestos nacionales y duras sanciones políticas y económicas a los países que no acaten las decisiones comunes.

Tres cuestiones clave dominarán las discusiones y negociaciones políticas: ¿Hasta dónde debe llegar la cesión de soberanía de los estados para corregir los defectos de nacimiento del euro? ¿Cuáles serán los mecanismos de solidaridad que se establecerán para proteger a los estados más acosados por la especulación? ¿Cuál será el método para formalizar y dar vigencia legal a esos acuerdos?

¿Los líderes europeos serán capaces de tener el valor v la visión política a largo plazo necesarios para resolver la actual crisis de la deuda de forma definitiva o volverán a limitarse a acuerdos parciales inspirados por estrechos intereses electorales nacionales a muy corto plazo?

La zona euro necesita un auténtico gobierno económico colectivo, con plena capacidad para fijar en común las orientaciones económicas y presupuestarias adecuadas y con poder suficiente para hacer cumplir esas directrices comúnmente aceptadas a cada uno de los socios. El procedimiento ideal debería ser que la Comisión Europea supervisa, alerta y recomienda y que el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de los 17 países de la eurozona adopta las decisiones.

La experiencia recomienda que la regla de la unanimidad sea abolida, tras los nefastos ejemplos recientes de bloqueos por planteamientos populistas internos de algún país, y que la norma sea la mayoría cualificada. ¿Pero están los gobiernos de la zona euro y sus poblaciones preparados para esa cesión de soberanía en cuestiones tan importantes como la concesión de ayudas a un estado en apuros o el incremento de las aportaciones al fondo de rescate?

La disciplina presupuestaria estricta en una unión fiscal debería tener como contrapartida avanzar hacia un sistema de solidaridad también reforzada entre los miembros del euro. La creación de un Tesoro único o la emisión de eurobonos colectivos resultan aún prematuras. Esas medidas no podrán convertirse en realidad hasta los déficits y deudas públicas se hayan reducido sustancialmente y que las poblaciones y los gobiernos de los países virtuosos ya no tengan miedo a tener que pagar los excesos de los países manirrotos.

Pero el pacto fiscal requiere un mecanismo de solidaridad mínimo que podría basarse en que Alemania deje de objetar mediante el silencio una intervención contundente y masiva del Banco Central Europeo (BCE) para proteger la deuda pública de los países acosados por los especuladores hasta que comprendan que no pueden destruir al euro. Además, debería agilizarse la capacidad de intervención del fondo de rescate europeo también en apoyo de la deuda.

Para maximizar la efectividad de los acuerdos de la cumbre sobre este pacto o unión fiscal deberían tener una aplicación casi inmediata para demostrar que son irreversibles a los mercados y silenciar a quienes llevan más de una década anunciando la muerte del euro.

Una reforma del Tratado de la Unión Europea (UE) es un proceso lento, engorroso y de ratificación incierta, como la historia ha demostrado. Como las cesiones de soberanía pueden ser de gran calado un acuerdo político sería insuficiente. Una posibilidad rápida sería un tratado intergubernamental de los 17 países afectados, que posteriormente podría convertirse en acervo comunitario, como ocurrió con los Acuerdos de Schengen. Otra posibilidad sería su inclusión como un protocolo propio de la eurozona al Tratado de la UE, aprovechando la ratificación del Tratado de Adhesión de Croacia, que precisamente debe firmarse durante la cumbre del 9 de diciembre.

La crisis de la eurozona se agrava por la fallida cumbre Merkel-Sarkozy


Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Mario Monti


La falta de medidas concretas en la cumbre entre la cancillera alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en Estrasburgo el 24 de noviembre está agravando la crisis de la deuda pública de la zona euro y no ha contribuido a apaciguar la especulación de los mercados financieros.

El anuncio de una reforma del Tratado de la Unión Europea (UE) para reforzar el gobierno económico y endurecer la disciplina presupuestario de los estados no puede constituir una medida efectiva para frenar el ataque cotidiano a la credibilidad de la deuda pública en euros, porque requerirá en el mejor de los casos más de doce meses para que pueda entrar en vigor.

Las negociaciones entre los gobiernos de la eurozona para hacer operativas las nuevas capacidades de intervención del fondo de rescate europeo en apoyo a la deuda de los países acosados avanzan a una velocidad desesperante y las promesas de rigor del nuevo Gobierno italiano presidido por Mario Monti ya han consumido su efecto positivo inicial.

El tipo de interés reclamado por los mercados a la deuda pública italiana a diez años superaba a media tarde el 7,3%, mientras que la española también se colocaba por encima del 6,7% y la belga se acercaba rozando ya el 6%.

Los ministros de Economía y Finanzas del Eurogrupo volverán a estudiar el 29 de noviembre la puesta en marcha del mecanismo de aval parcial de la deuda pública de países en apuros por parte del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, pero fuentes diplomáticas han reconocido que la aplicación práctica de este instrumento fundamental para combatir la crisis aún podría demorarse más.

El único resultado positivo de la cumbre Merkel-Sarkozy, si se cumple, es el pacto de no volver a insistir públicamente en cuál debe ser el papel del Banco Central Europeo (BCE). La silenciación de ese debate que enfrenta a Berlín y París podría traducirse de facto en una afirmación de la independencia del BCE, que podría dar más margen de actuación a su presidente Mario Draghi para apurar al máximo sus limitadas capacidades de actuación.

Draghi también podría aprovechar ese silencio sobre el papel del BCE y las pésimas perspectivas económicas para la zona euro en los próximos trimestres para rebajar al menos en otros 0,25 puntos el tipo de interés básico hasta el 1% en la reunión del BCE del 1 de diciembre, y así acabaría de corregir el error que supusieron las dos subidas de tipos realizadas en abril y en julio.  

El error de la Autoridad Bancaria Europea castiga la deuda pública


Sede de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) en Londres 


La nueva Autoridad Bancaria Europea (EBA, en inglés) se está distinguiendo por la acumulación de graves errores. Primero, sus pruebas de resistencia a la banca pretendidamente rigurosas no fueron capaces de detectar el hundimiento del grupo Dexia y sólo señalaron a las entidades cuya recapitalización ya había sido anunciada, como las cajas españolas. Ahora, con su decisión de valorar la deuda pública a precios de mercado dentro de su plan de recapitalizar a la banca ha contribuido a hundir las cotizaciones de la deuda pública de la zona euro en los mercados.

El plan de recapitalización de la banca había sido encomendado para preparar a las entidades para el impacto de la prevista quita de la deuda griega en sus carteras. La Autoridad Bancaria Europea, en lugar de restringir la valoración de la cartera de la deuda a precios de mercado a sólo la deuda griega (la única que iba a sufrir una quita), decidió que la valoración a los precios de mercado se realizara a la deuda pública de todos los países europeos.

Esta decisión fue interesada ya que de este modo se protegía los intereses de la banca británica (porque la deuda británica no estaba afectada por la depreciación), de la banca alemana (porque la revaloración de la deuda alemana compensaba las pérdidas por su riesgo en Grecia) y de la banca francesa (porque la deuda francesa no había sufrido apenas merma en el momento de la valoración y su cartera de deuda alemana amortiguaba el riesgo griego).

La introducción de la valorización a precios de mercado ha roto el principio contable internacional establecido hasta ahora y ratificado por los acuerdos de Basilea III de que la deuda pública se valora en su valor nominal, porque a parte de Grecia, no hay ningún país europeo que no vaya a honorar su deuda pública.

Ese cambio desafortunado en los criterios y el plan de recapitalización están provocando en las últimas semanas una venta masiva por parte de la gran banca europea de títulos de deuda pública de los países más frágiles, como Italia y España, como han reconocido varios directivos de esas grandes entidades.

Estas ventas masivas de bonos italianos y españoles en un mercado muy especulativo e hirviente de desconfianza están contribuyendo de forma muy importante a la degradación de la cotización de la deuda de esos países y al encarecimiento de los tipos de interés exigidos, que se está produciendo en el mercado.